
Los Hijos de la Viuda | Por Manuel Chacón
“La soberanía de los pueblos se defiende con convicciones; las candidaturas, con organización y territorio.”
En política nadie organiza asambleas para hablar del clima. Cuando un personaje comienza a recorrer municipios, habla de soberanía nacional, de unidad, de organización territorial y de defender la transformación, en realidad está pronunciando un discurso de futuro. Y en Zacatecas el futuro tiene fecha de caducidad política: 2027.
La senadora Verónica Díaz Robles llegó a Sombrerete con un mensaje que, leído entre líneas, fue mucho más que un llamado patriótico. Su narrativa estuvo cuidadosamente construida alrededor de tres palabras: pueblo, organización y unidad. Traducido al castellano político, el mensaje podría resumirse así: el movimiento necesita estructura y ella está dispuesta a encabezarla.
No es casualidad. Morena atraviesa una etapa en la que las candidaturas ya no se disputan únicamente en las encuestas o en las oficinas de la Ciudad de México; se construyen en las plazas públicas, en las comunidades y en la capacidad de movilizar simpatizantes. La soberanía nacional, en el discurso de Vero Díaz, terminó convirtiéndose en una especie de metáfora electoral: quien sea capaz de organizar al pueblo tendrá la legitimidad para pedirle también que le entregue las llaves de Palacio de Gobierno.
La senadora ha entendido algo que otros aspirantes todavía parecen no advertir: en la política de la Cuarta Transformación, la narrativa importa tanto como la operación territorial. Mientras unos se concentran en tomarse fotografías y otros se pierden en las intrigas de café, ella insiste en hablar de derechos sociales, programas de bienestar y cercanía con la gente. Puede gustar o no el discurso, pero tiene una lógica política difícil de ignorar.
Y aquí aparece la dosis inevitable de humor negro. En Zacatecas, la palabra “unidad” suele traducirse como una tregua temporal entre grupos que se sonríen en el presídium y se miden el pulso electoral apenas termina el evento. La política local tiene la curiosa capacidad de convertir a los compañeros de movimiento en adversarios silenciosos y a los abrazos públicos en sofisticados ejercicios de cálculo político.
Por ello, la asamblea de Sombrerete deja una lectura interesante. Verónica Díaz no habló como una senadora que únicamente informa de su trabajo legislativo. Habló como una dirigente que busca construir un relato de continuidad, de pertenencia al proyecto nacional de Claudia Sheinbaum y de cercanía con la estructura territorial de Morena. En política, eso tiene nombre y apellido: posicionamiento rumbo a la sucesión.
Todavía falta tiempo para las definiciones y en Morena las decisiones suelen tomarse cuando todos creen que ya están tomadas. Pero en el ajedrez político zacatecano hay piezas que llevan meses moviéndose con discreción y otras que ya comenzaron a ocupar el centro del tablero.
Porque al final, en estas tierras de cantera y mezquites, la soberanía nacional se defiende, sí; pero las candidaturas se construyen municipio por municipio, asamblea por asamblea y discurso por discurso.
“Porque en política las casualidades casi no existen; existen los mensajes, los tiempos y quienes saben leerlos.”
ZHN | Zacatecas Hoy Noticias Noticias de Zacatecas, México