
Los Hijos de la Viuda | Por Manuel Chacón | ZHN-Opinión
“La lucha social pierde fuerza cuando la charola avanza más rápido que las soluciones.”
En Zacatecas está ocurriendo algo verdaderamente extraordinario. No se trata de una reforma educativa, ni de una transformación sindical, mucho menos de una revolución obrera. Estamos presenciando el nacimiento de un nuevo modelo financiero: el sindicalismo de la charola permanente.
Mientras miles de ciudadanos padecen bloqueos, oficinas cerradas, trámites suspendidos, calles tomadas y un Palacio de Gobierno convertido en campamento permanente, los dirigentes magisteriales han encontrado la fórmula perfecta: protestar con dinero ajeno y después pedir más dinero.
La lógica parece sencilla.
Primero se cobran cuotas sindicales obligatorias durante todo el año.
Después se organizan movilizaciones.
Posteriormente se solicita una cooperación extraordinaria.
Y finalmente se pide a la sociedad que aporte alimentos, agua, cobijas, víveres y cualquier cosa que permita prolongar el movimiento.
Una auténtica maravilla administrativa.
Lo curioso es que nadie parece preguntarse dónde están los millones de pesos que reciben los sindicatos.
Tomemos únicamente el caso de la Sección 34 del SNTE.
De acuerdo con datos de la propia Secretaría de Educación y registros derivados de auditorías federales y estatales, el universo de trabajadores sindicalizados federales permite estimar que, con una cuota promedio de 55 pesos por trabajador por quincena, el sindicato recauda aproximadamente 1 millón 100 mil pesos cada quince días, que son entregados puntualmente a las organizaciones gremiales.
Traducido al español ciudadano:
26 millones 400 mil pesos al año.
Sí, leyó usted correctamente.
Veintiséis millones cuatrocientos mil pesos.
No hablamos de un comité vecinal.
No hablamos de una cooperativa escolar.
No hablamos de una colecta parroquial.
Hablamos de recursos suficientes para sostener estructuras operativas, representación sindical, asesorías jurídicas, movilizaciones, difusión y una larga lista de actividades gremiales.
Sin embargo, hoy se solicita a los trabajadores aportar otros cien pesos por quincena para sostener la lucha.
La pregunta es inevitable:
¿Dónde están los 26 millones de pesos?
Pero la historia no termina ahí.
La Sección 58 del SNTE tampoco vive precisamente en la austeridad franciscana.
Con una base aproximada de trabajadores estatales sindicalizados y un descuento promedio de 55 pesos por quincena, se estima una recaudación cercana a los 352 mil pesos quincenales, es decir:
8 millones 424 mil pesos al año.
Otros ocho millones.
Otra estructura sindical.
Otro liderazgo.
Otro manejo de recursos.
Y la misma pregunta:
¿Dónde están las cuentas?
Porque cuando se pide dinero extraordinario a los agremiados, la transparencia deja de ser una cortesía y se convierte en una obligación.
Resulta particularmente interesante observar cómo algunos líderes sindicales exigen rendición de cuentas al gobierno mientras mantienen bajo llave la información relacionada con los recursos que administran.
Para exigir transparencia primero hay que practicarla.
Para reclamar honestidad primero hay que demostrarla.
Para demandar justicia primero hay que ofrecerla.
Mientras tanto, los trabajadores siguen financiando una maquinaria sindical cuyos estados financieros son más difíciles de encontrar que los archivos secretos del Vaticano.
Los dirigentes argumentan que la lucha es por causas nobles.
Y muchas de ellas ciertamente lo son.
La abrogación de la Ley del ISSSTE de 2007, las pensiones dignas, la desaparición del USICAMM y mejores condiciones laborales son temas legítimos.
Lo que deja de ser legítimo es utilizar esas causas para evitar preguntas incómodas sobre el dinero.
Porque una causa justa no elimina la obligación de rendir cuentas.
Y entonces aparece el dato más preocupante.
Dentro de los propios sindicatos comienzan a surgir fracturas internas.
Cada vez son más insistentes los señalamientos provenientes del llamado personal de apoyo: secretarias, administrativos, intendentes, técnicos, asistentes y trabajadores que sostienen diariamente la operación educativa.
Ellos afirman que son utilizados como fuerza de presión política, como músculo para marchas, bloqueos y manifestaciones, pero rara vez reciben los beneficios que suelen negociarse para otros sectores del magisterio.
El malestar es creciente.
Las diferencias son evidentes.
Y los rumores sobre la posible creación de una nueva organización sindical comienzan a recorrer oficinas, escuelas y centros administrativos de todo el estado.
Lo que antes era inconformidad ahora parece convertirse en ruptura.
Algunos trabajadores denuncian exclusión.
Otros hablan de presiones internas.
Varios cuestionan el uso de los recursos gremiales.
Y según diversas versiones, estas inconformidades ya han llegado incluso a instancias federales de la educación.
Si esto es cierto, el problema deja de ser financiero para convertirse en político.
Porque cuando las bases comienzan a desconfiar de sus dirigentes, el liderazgo entra en crisis.
Y cuando los trabajadores empiezan a preguntar por el dinero, la revolución suele ponerse nerviosa.
Quizá por eso resulta tan importante que los dirigentes sindicales expliquen públicamente cuánto reciben, cuánto gastan y en qué lo gastan.
No para satisfacer a los críticos.
No para convencer a los medios.
Sino por respeto a quienes pagan cada quincena.
Porque al final del día, ese dinero no pertenece a los líderes.
No pertenece a los comités ejecutivos.
No pertenece a las corrientes políticas.
Pertenece a los trabajadores.
Y cuando un sindicato con decenas de millones de pesos anuales pide cooperación extraordinaria y solicita despensas a los ciudadanos afectados por sus propios bloqueos, lo menos que merece la sociedad es una explicación.
De lo contrario, la lucha social corre el riesgo de convertirse en un negocio privado financiado por quienes dicen representar.
Y entonces la pregunta dejará de ser cuánto cuesta el movimiento.
La verdadera pregunta será:
¿Quién se beneficia realmente de él?
Ahora de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación CNTE, mejor ni hablamos.
¡ A Mí Los Hijos de la Viuda!
“Cuando la revolución empieza a pasar la charola, los trabajadores tienen derecho a revisar la caja.”
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