El segundo piso y las verdades que incomodan

“Algunos se disfrazan de ambientalistas, otros de defensores del patrimonio, pero el único ecosistema que protegen es el de sus beneficios personales.”

Resulta curioso cómo el debate público puede ser moldeado con precisión quirúrgica por quienes se dicen vigilantes del poder, pero que omiten deliberadamente datos clave, no por ignorancia, sino por cálculo político. El caso del segundo piso en Zacatecas es una muestra de ello: una obra de infraestructura que, por su magnitud, inevitablemente genera discusión, pero que también ha sido secuestrada por discursos sin sustento y con fines claramente partidistas.

Es falso que se esté ocultando información. Desde el mes de febrero, el Gobierno de Zacatecas —a través de la Secretaría de Obras Públicas y la Coordinación General Jurídica— ha puesto a disposición de las instancias correspondientes los documentos técnicos, presupuestales y ambientales del proyecto, incluyendo los permisos, estudios de impacto y contratos. Que estos documentos se hayan conocido por medio de amparos no es sinónimo de opacidad, sino de que existen mecanismos legales que funcionan y que han sido atendidos.

La empresa HYCSA, responsable de la ejecución del proyecto, ha trabajado conforme a la normatividad vigente y bajo supervisión de entes técnicos federales y estatales. Las modificaciones que ha sufrido la obra obedecen a ajustes propios de toda infraestructura de gran escala: desde afectaciones por derecho de vía, hasta criterios de seguridad vial. Lo anómalo sería que no se modificara nada.

Lo que realmente se discute no es la obra, ni el costo —que está sustentado técnica y jurídicamente— sino el clima electoral que ya se respira rumbo a 2027. ¿Y qué mejor blanco que una inversión pública visible, con impacto real en la movilidad y la imagen urbana de la capital? La narrativa de que el segundo piso es “pago de favores” o “moneda de cambio” para una candidatura Monreal carece de pruebas y se apoya, como suele suceder, en la especulación política.

El texto que circula en redes y columnas disfrazadas de periodismo tiene una finalidad: minar la legitimidad de una administración a la que no han logrado doblegar por la vía institucional. Se critica al gobernador David Monreal por “no aparecer en público”, cuando es uno de los mandatarios con mayor presencia territorial en el país. Se acusa de ocultamiento, cuando la propia Plataforma Nacional de Transparencia contiene los documentos requeridos.

El verdadero problema no es el segundo piso, ni el gasto, ni los permisos. Es el enojo de ciertos actores porque ya no son ellos quienes reparten los contratos ni dictan la agenda desde la penumbra. A algunos les molesta no ser los interlocutores preferidos del poder. A otros les arde no haber sido considerados en esta obra.

Lo que se construye sobre el bulevar no es solo concreto y acero. Se construye también un nuevo modelo de gobierno que ha decidido no arrodillarse ante chantajes ni simuladores. Y eso, para muchos, resulta imperdonable.

“La resistencia al cambio suele tener rostro conocido, voz temblorosa y pasado convenenciero. El Druida lo ha visto antes.”

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