Los alquimistas de la genética ideológica

Por El Druida | ZHN – Opinión

“La herejía de pensar que las convicciones se heredan por sangre”

Hay quienes creen haber descubierto una nueva rama de la ciencia política: la genética ideológica.

Según sus más entusiastas promotores, las ideas se heredan por contagio, las lealtades se transmiten por ADN y las convicciones políticas se explican mejor con un árbol genealógico que con una trayectoria de vida. Bajo esa peculiar teoría, ya no importa lo que una persona haga, piense o construya; basta con señalar con quién caminó alguna vez para dictar una sentencia política. Es una hipótesis tan ingeniosa como absurda, pero extraordinariamente útil para quienes prefieren etiquetar antes que debatir.

En la vieja alquimia de la política zacatecana existe una curiosa costumbre: cuando un personaje comienza a crecer por méritos propios, no faltan quienes intentan reducirlo al apellido de alguien más. Es una fórmula sencilla, cómoda y muy rentable para el debate superficial. Si no pueden vencer la trayectoria, intentan descalificar la identidad.

La más reciente entrega de esa escuela argumentativa sostiene que Verónica Díaz Robles no necesita presentar propuestas, porque basta con etiquetarla como “monrealista”. La tesis parece ingeniosa hasta que se confronta con la realidad. En democracia, las personas no son juzgadas por las simpatías que un columnista les atribuye, sino por su historia pública, su desempeño y, llegado el momento, por la decisión de los órganos internos de Morena y, posteriormente, por el voto ciudadano.

Hay una diferencia que conviene recordar. La lealtad política no es nepotismo. El nepotismo implica utilizar un cargo para favorecer ilegal o indebidamente a familiares por razón de parentesco. Verónica Díaz Robles no es integrante de la familia Monreal. No existe vínculo consanguíneo que sustente semejante afirmación. Confundir coincidencias políticas con nepotismo es como acusar a un médico de ser hermano del dueño del hospital donde trabaja. El concepto pierde todo significado cuando se utiliza como herramienta propagandística.

En Zacatecas pareciera que algunos desean instaurar una nueva ciencia política: la genética ideológica. Según esa teoría, basta coincidir con una corriente para heredar automáticamente virtudes, defectos, pecados y hasta culpas ajenas.

Si ese razonamiento prosperara, medio país tendría que pedir pruebas de ADN antes de registrarse como aspirante a un cargo público. Afortunadamente, la Constitución sigue hablando de ciudadanos, no de linajes políticos.

También resulta llamativo que se presente como contradicción el hecho de reconocer avances de un gobierno sin convertirlos en patrimonio personal.

Un proyecto político serio puede respaldar aquello que considera positivo y señalar lo que deba corregirse. Eso se llama criterio.

La política madura no exige devoción absoluta ni condena permanente; exige capacidad para construir sobre lo realizado y corregir lo pendiente.

Otro elemento suele quedar fuera del análisis. Morena estableció reglas nacionales para la definición de sus Coordinaciones Estatales. La decisión no depende de editoriales, columnas o campañas de percepción. Corresponde a la Comisión Nacional de Elecciones, mediante un procedimiento interno sustentado en registros, evaluaciones y mediciones. Pretender resolver desde una columna lo que estatutariamente corresponde a un órgano partidista equivale a querer sustituir un tribunal con un café de sobremesa.

Quienes reducen el debate a una sola relación política también omiten deliberadamente el recorrido de Verónica Díaz. Su paso por la estructura territorial del movimiento, su trabajo en la organización de los programas sociales y su desempeño legislativo forman parte de una trayectoria verificable.

Se puede discrepar de ella, cuestionar sus posiciones o debatir sus propuestas. Eso fortalece la democracia. Lo que no la fortalece es reemplazar el análisis por etiquetas que buscan explicar una carrera pública mediante una sola fotografía.

La paradoja es deliciosa. Mientras algunos insisten en convencer a la opinión pública de que Verónica Díaz no tiene identidad propia, las encuestas continúan colocándola entre los perfiles con mayor competitividad dentro de Morena.

Quizá el electorado esté evaluando algo más complejo que un simple relato de apellidos.

Tal vez observe trabajo territorial, presencia política y capacidad de organización. O quizá los ciudadanos, tan subestimados por algunos analistas, sepan distinguir entre una alianza política y un parentesco inexistente.

El debate rumbo a 2027 merece mayor altura. Zacatecas enfrenta desafíos en seguridad, desarrollo económico, empleo, agua, campo e infraestructura que difícilmente encontrarán solución en discusiones genealógicas. La ciudadanía espera propuestas, no árboles familiares; resultados, no etiquetas; argumentos, no insinuaciones.

El Druida termina su caminata recordando una vieja enseñanza de los bosques: los árboles más fuertes son aquellos que desarrollan raíces propias.

Quien necesita convencer al pueblo de que un adversario vale únicamente por la sombra de otro, quizá terminó aceptando, sin decirlo, que todavía no ha encontrado una sombra lo suficientemente grande para ocultar la fuerza de los hechos.

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