
En política existen dos formas de mandar un mensaje: tomando el micrófono… o dejando la silla vacía. La asamblea convocada por Morena en el Centro de Convenciones de Fresnillo terminó convertida en una fotografía que, sin proponérselo, retrató con mayor claridad el momento que vive la carrera por la Coordinación Estatal de la Defensa de la Transformación en Zacatecas. Porque mientras unos decidieron acudir al llamado de su movimiento, otros optaron por hacerle caso a su agenda personal. Y en política, las ausencias también votan.
La convocatoria no provenía de un comité municipal ni de un grupo de amigos. Era parte del proceso interno del partido que gobierna México, impulsado por la dirigencia nacional y enmarcado en la ruta trazada por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo para la organización territorial rumbo a 2027. Quien aspire a coordinar un movimiento nacional difícilmente puede darse el lujo de considerar “prescindible” una reunión de esa naturaleza.
En Fresnillo estuvieron presentes la senadora con licencia Verónica Díaz Robles y el gobernador David Monreal Ávila. Del otro lado, varias sillas quedaron vacías. Y esas sillas, hay que decirlo, hablaron más fuerte que muchos discursos. Porque una cosa es competir y otra muy distinta es desairar al movimiento que se pretende encabezar.
La Comisión Nacional de Elecciones de Morena recibió registros de diversos perfiles para Zacatecas, entre ellos Verónica Díaz Robles, Ulises Mejía Haro, José Narro Céspedes, Geovanna Bañuelos, Carlos Puente Salas, Julia Arcelia Olguin Serna y Zaira Ivonne Villagrana Escareño, aspirantes postulados por los partidos aliados PT y PVEM dentro del proceso común. La dirigencia nacional confirmó que, una vez concluida la revisión de registros, será una encuesta la que defina quién encabezará la Coordinación Estatal.
Aquí aparece la primera contradicción. Todos aseguran respetar las reglas del proceso; todos afirman creer en la encuesta; todos hablan de unidad. Pero cuando el movimiento convoca, algunos descubren de pronto que tenían asuntos “más importantes”. Curiosa forma de pedir el respaldo de una organización a la que ni siquiera se le concede tiempo en la agenda.
La política tiene un humor muy peculiar. Hay quienes llevan semanas explicando por qué no fueron, cuando hubiera sido mucho más sencillo asistir. El costo de una ausencia siempre es mayor que el esfuerzo de una presencia. Porque el militante de Morena podrá perdonar una derrota, pero difícilmente olvida un desaire.
Mientras tanto, las primeras mediciones públicas continúan colocando a Verónica Díaz entre los perfiles con mayor posicionamiento dentro de Morena rumbo a la encuesta definitiva, un escenario que explica, en buena medida, la intensidad del debate interno. Sin embargo, ninguna encuesta sustituye el trabajo político cotidiano ni garantiza un resultado anticipado; será la Comisión Nacional de Elecciones la que determine qué perfiles avanzan y, posteriormente, la medición interna la que defina la coordinación estatal.
Lo más interesante de Fresnillo no fue quién habló desde el templete. Fue quién decidió no escuchar. En política, la ausencia rara vez pasa inadvertida. Mientras unos construyen narrativa con discursos, otros la construyen con silencios. Y los silencios, cuando se trata de procesos internos, suelen convertirse en la materia prima de las especulaciones.
Dicen los viejos operadores que el poder no castiga tanto los errores como las indiferencias. Porque al adversario se le combate; al movimiento propio se le acompaña. Lo demás es confiar en que una silla vacía consiga más aplausos que un recinto lleno.
En Los Hijos de la Viuda aprendimos hace mucho que, cuando un partido toca la campana, hay quienes llegan para hacer historia… y otros que, por quedarse viendo el reloj, terminan convertidos en pie de página








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