
“Del otro lado” | Por Macha | ZHN- Opinión |
En el béisbol hay una regla no escrita que aplica igual en la política: el que va arriba en la pizarra no discute con el ampáyer. Discutir cada strike, sembrar sospechas sobre el arbitraje, avisar desde la primera entrada que pudo haber mano negra, eso es de quien ya vio que la pizarra no le va a alcanzar.
Apenas arranca el proceso interno de Morena para definir quién coordinará la defensa de la cuarta transformación en Zacatecas, y Ulises Mejía juega las dos barajas al mismo tiempo. Por un lado, sus boletines lo proclaman puntero indiscutible: que va dos a uno, que sacó diez de diez, que arrasa en cuanta medición aparece publicada, mediciones que, qué casualidad, siempre encuentran espacio generoso en los mismos portales.
Por el otro, el mismo Ulises se dedica a sembrar sospechas preventivas: que “no se trata de qué autoridad está respaldando a quién”, que las autoridades no deben intervenir, que hay campañas de desinformación en su contra.
Aquí hay un problema. Si de verdad vas ganando dos a uno, ¿para qué el memorial de agravios anticipado?
¿Para qué avisar desde junio que el proceso podría estar viciado? Nadie que se cree puntero anda preparando la explicación de su derrota. La queja preventiva es una confesión involuntaria: por más entusiastas que sean los boletines, las cuentas internas no le salen. Y él lo sabe.
El expediente ayuda a entender al personaje. En 2021, cuando Morena decidió no ratificarlo para la reelección en la alcaldía, Ulises no se disciplinó ni cerró filas: se llevó sus aspiraciones a otro partido, el PES, para competir contra el movimiento que lo hizo alcalde.
Aquella aventura terminó mal, el tribunal electoral local le retiró la candidatura tras confirmar que había cometido violencia política de género contra una exsíndica de su propio ayuntamiento, pero dejó clara la mecánica: cuando el resultado interno no le favorece, patea la mesa. Hoy, por cierto, la prensa local documenta sus cómodas apariciones públicas junto al alcalde panista de la capital, mientras jura lealtad eterna al proyecto guinda. Cada quien saque sus conclusiones sobre a qué suenan esos coqueteos.
No está solo en el coro. José Narro se registró garantizando su plena confianza en el proceso y, en el mismo acto, exigió piso parejo, alertó contra los dedazos y descalificó por adelantado a las casas encuestadoras, que según él “se venden al mejor postor”
Confío, pero sospecho. Participo, pero desde hoy aviso que si pierdo. Tampoco es nuevo: en 2020 impugnó la encuesta interna que no le favoreció ante la justicia partidaria, luego ante el tribunal local y de ahí hasta la Sala Superior. Perdió en todas las ventanillas.
La convocatoria de este proceso es idéntica para todos los aspirantes: mismas reglas, misma encuesta, misma prohibición de gastos onerosos y de intervención de servidores públicos de cualquier orden. Citlalli Hernández lo resumió mejor que nadie: “el piso más parejo está en la calle”.
Y en la calle no hay dedazo que valga: o la gente te conoce o no te conoce, o caminaste o no caminaste, o confía en ti o no confía.
Mientras tanto, hay aspirantes que no han dedicado un solo minuto a litigar el futuro: están en el territorio, casa por casa, sin memoriales de agravios ni cláusulas de sospecha. La diferencia de método habla de cómo entiende cada quien la política: unos la entienden como pleito por el reparto; otros, como trabajo de a pie.
En política, como en el béisbol, la queja anticipada dice más del quejoso que del árbitro. El que prepara la impugnación antes de la encuesta ya sabe lo que va a decir la pizarra. El que va ganando no se queja: está demasiado ocupado caminando.
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