El entierro que anunciaron… pero al difunto todavía no lo encuentran

“Los Hijos de la Viuda” | Por Manuel Chacón | ZHN – Opinión

“Cuando un adversario necesita inventar tu derrota todos los días, es porque aún no encuentra la forma de vencerte.”

En política existe una vieja regla que los aprendices suelen olvidar: cuando un adversario dedica más tiempo a explicar que alguien está solo que a fortalecer a su propio candidato, es porque el primero todavía le quita el sueño. Eso ocurre hoy en Zacatecas. Mientras algunos redactan el obituario político de Verónica Díaz Robles, la propia realidad insiste en no asistir al funeral.

Desde hace días circula una narrativa perfectamente calculada: que los “ricardistas” abandonaron a Verónica, que el monrealismo cambió de caballo y que el futuro ya tiene dueño. Curioso. Porque cuando una versión necesita repetirse todos los días para ser creída, normalmente no describe una realidad; describe un deseo.

La fotografía con Ricardo Monreal no es el argumento central, como tampoco lo es la ausencia de uno u otro personaje en un evento público. En Morena, y eso cualquiera que haya cubierto procesos internos desde 2018 lo sabe, las señales políticas rara vez se leen por lista de asistencia. El verdadero lenguaje del movimiento se construye en las mesas de negociación, en las conversaciones privadas y, sobre todo, en la decisión final de la Comisión Nacional de Elecciones. Ahí es donde se juega la partida, no en el concurso de quién aparece más veces en la selfie del domingo.

Resulta hasta simpático ver a algunos analistas contar sillas vacías como si fueran actas notariales. Si mañana Ricardo Monreal desayuna con Ulises, dirán que ya cambió de proyecto; si come con Verónica, afirmarán que todo estaba planeado; y si cena solo, concluirán que hay ruptura familiar. Hay quienes hacen análisis político con el mismo método con el que otros leen el café.

Lo verdaderamente incómodo para quienes impulsan esa narrativa es que Verónica Díaz sigue apareciendo como uno de los perfiles competitivos dentro de Morena. Dependiendo de la empresa encuestadora y del momento de la medición, existen distintos resultados, pero su nombre continúa formando parte del grupo de aspirantes con posibilidades reales, lo que explica la intensidad del debate interno alrededor de su figura.

Y aquí aparece el detalle que algunos prefieren pasar por alto. Si realmente estuviera políticamente acabada, ¿por qué dedicar editoriales completos, columnas diarias y largas explicaciones para convencer al público de ello? La política tiene una extraña costumbre: nadie dispara contra un objetivo que considera irrelevante.

También conviene recordar que el llamado “Grupo Monreal” nunca ha funcionado como un ejército donde todos marchan en fila india detrás de un tambor. Ricardo Monreal ha construido durante décadas una estructura política basada en negociación, acuerdos y operación, no en exhibiciones multitudinarias. Pensar que su influencia se mide exclusivamente por quién aparece en un templete es reducir cuarenta años de oficio político a una fotografía panorámica.

“La política es el único oficio donde algunos celebran victorias imaginarias y luego despiertan el día de la elección.”

Mientras tanto, los adversarios internos parecen celebrar victorias que todavía no existen. Es como esos aficionados que levantan la copa en el minuto veinte del primer tiempo. Morena apenas abrió el proceso interno y las decisiones seguirán dependiendo de factores nacionales, mediciones, consensos y estrategia electoral. El tablero apenas se está acomodando.

En el fondo, toda esta discusión deja una enseñanza. En política, el mensajero no siempre es el mensaje. A veces, el verdadero mensaje es quién tiene tanta importancia que obliga a los demás a escribir sobre él todos los días.

Porque si algo demuestra esta guerra de columnas, filtraciones y especulaciones es una verdad tan antigua como la propia política: nadie organiza una campaña para desacreditar a quien considera derrotado.

Y como diría un viejo masón después de apagar las luces del templo: cuando todos aseguran que el rey ha quedado solo, quizá convenga mirar con atención quiénes son los que siguen rodeando el castillo.

“Los Hijos de la Viuda saben que las columnas más firmes no son las que más presumen, sino las que sostienen el templo cuando llegan las tormentas.”

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