Cuando el fuego amigo quema más que la oposición

Los Hijos de la Viuda | Por Manuel Chacón | Opinion – ZHN

“Y recuerde: los enemigos golpean de frente; los compañeros ambiciosos siempre conocen dónde está la espalda.”

En política existe una máxima que los viejos operadores aprendieron mucho antes de que existieran las redes sociales: el adversario más peligroso no siempre está enfrente; muchas veces se sienta en la misma mesa. Y cuando eso ocurre, el daño no sólo alcanza a las personas involucradas, sino al proyecto completo.

Las recientes declaraciones del senador Saúl Monreal Ávila contra el secretario de la Función Pública, Ernesto González Romo, abrieron un nuevo capítulo de esa costumbre tan mexicana de ventilar las diferencias internas en la plaza pública. No es la primera vez que el senador fija una postura crítica sobre integrantes del gobierno estatal o del propio movimiento; desde hace meses ha insistido en señalar presuntas omisiones y exigir investigaciones, mientras mantiene un discurso de defensa de la transparencia y de su derecho a expresar desacuerdos.

Lo curioso es que la respuesta de Ernesto González Romo no llegó con el mismo tono. En lugar de subir la apuesta, eligió la ruta menos rentable para el espectáculo político y quizá la más útil para la administración pública. “Usted no es el enemigo”, escribió. Una frase sencilla, pero cargada de mensaje. En tiempos donde abundan quienes gobiernan con el hígado y publican antes de pensar, el secretario optó por recordar que la Función Pública existe para auditar, investigar y sancionar cuando corresponda, no para convertirse en un instrumento de venganzas políticas.

Porque hay una diferencia enorme entre ejercer la crítica y construir un conflicto permanente. La primera fortalece la democracia; la segunda alimenta egos. Y cuando ambos actores pertenecen al mismo movimiento, la ciudadanía difícilmente distingue quién tiene la razón; lo que percibe es un equipo dividido. En política, las formas también comunican, y a veces comunican más que los discursos.

Saúl Monreal sabe de procesos internos, de encuestas y de los costos de las disputas públicas. Después de la polémica nacional por las reglas internas de Morena rumbo a 2027, él mismo llamó en distintos momentos a que hubiera inclusión, respeto y unidad dentro del movimiento. Por eso sorprende que ahora el debate parezca trasladarse de los órganos internos a las redes sociales, donde los algoritmos premian el conflicto y castigan la prudencia.

Ernesto González Romo, por su parte, respondió con otra frase que merece leerse entre líneas: “No somos funcionarios de gatillo fácil; tenemos formación”. Es una manera elegante de decir que el poder también se ejerce administrando los silencios. En un estado donde la ciudadanía exige resultados en seguridad, transparencia y combate a la corrupción, convertir cada diferencia política en un duelo personal sólo desvía la atención de lo verdaderamente importante.

La política no necesita más gladiadores digitales; necesita más constructores de acuerdos. Zacatecas enfrenta desafíos demasiado serios como para desperdiciar energía en confrontaciones entre compañeros de partido. Mientras unos discuten quién tiene la razón, la ciudadanía sigue esperando mejores servicios, más empleo, mayor seguridad y gobiernos que resuelvan problemas, no que acumulen publicaciones virales.

Porque al final, en Morena y en cualquier proyecto político, el fuego amigo deja cicatrices más profundas que los ataques de la oposición. Y la historia demuestra que ningún movimiento se ha fracturado por culpa de sus adversarios; casi todos comenzaron a perder cuando confundieron el debate con el ajuste de cuentas.

“En política, quien pasa más tiempo viendo por el retrovisor termina chocando con el futuro.”

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