Las alianzas políticas duran lo que duran los intereses

Cuando la oposición y los “aliados” revelan de qué lado están

Los Hijos de la Viuda | por Manuel Chacón | ZHN – Opinión

En política, los momentos de verdad llegan cuando se enciende el tablero de votación.
No hay discursos, no hay simulaciones ni discursos diplomáticos que escondan la realidad: cada voto revela el verdadero lugar donde se ubica cada actor político.

Y eso fue exactamente lo que ocurrió en la Cámara de Diputados con la reforma electoral impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.

La iniciativa no logró aprobarse.
No porque Morena no tuviera respaldo político, sino porque la oposición tradicional y dos partidos que se dicen aliados —el Partido Verde Ecologista de México y el Partido del Trabajo— decidieron votar en contra, impidiendo que la reforma alcanzara la mayoría calificada necesaria para modificar la Constitución.

El resultado fue contundente: 259 votos a favor y 234 en contra, insuficientes para alcanzar los 334 votos requeridos para una reforma constitucional.

Pero más allá del número frío de la votación, el episodio revela algo más profundo: la resistencia del viejo sistema político a perder privilegios.

La reforma que incomodó al sistema

La propuesta de reforma electoral presentada por el gobierno federal no era una revolución institucional, como pretendieron decir sus críticos.

En realidad, planteaba cambios que incluso analistas han calificado como moderados: Reducir el gasto electoral, modificar la representación legislativa y ajustar reglas del sistema electoral para hacerlo más eficiente y menos costoso.

Entre sus puntos centrales se encontraban:

  • reducción del tamaño del Senado
  • disminución del financiamiento público a partidos
  • ajustes en la elección de legisladores plurinominales
  • modernización de mecanismos de conteo electoral.

Es decir, una reforma que buscaba abaratar la democracia y reducir los privilegios del sistema partidista.

Y justamente ahí está la clave del conflicto.

Porque cuando se intenta tocar los recursos, las posiciones y los beneficios del sistema político, las resistencias aparecen de inmediato.

La oposición: coherente con su historia

En el caso del PAN, PRI y Movimiento Ciudadano, su voto en contra no sorprende.

Estos partidos han construido su narrativa política sobre una oposición frontal a la agenda de la Cuarta Transformación, por lo que su rechazo forma parte de una estrategia política previsible.

Sin embargo, el problema no fue la oposición.

El verdadero problema fue otro.

Cuando los aliados dejan solo al proyecto

Lo verdaderamente significativo fue el comportamiento del Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y del Partido del Trabajo (PT).

Ambos partidos han formado parte del bloque que llevó al poder a Morena desde 2018.

Sin embargo, en esta votación decidieron romper la disciplina política del bloque gobernante, lo que terminó por impedir que la reforma avanzara en el Congreso.

Incluso algunos analistas han señalado que el rechazo podría estar relacionado con la defensa del financiamiento público a los partidos, y por supuesto, el cambio de sistema para la eleccion de las posiciones plurinominales, uno de los aspectos que la reforma pretendía modificar.

Es decir, cuando se puso en la mesa la posibilidad de reducir privilegios, algunos aliados prefirieron proteger el statu quo.

El viejo dilema de la política mexicana

Este episodio revive un dilema que México ha conocido durante décadas.

El sistema político mexicano siempre ha estado rodeado de partidos que orbitan alrededor del poder.

Partidos que apoyan mientras conviene…
y se alejan cuando el costo político toca intereses propios.

No es la primera vez que ocurre. Ni será la última.

Pero sí deja una lección clara para el proyecto político que inició en 2018.

La fuerza de la Cuarta Transformación

Más allá del resultado legislativo, la discusión dejó algo evidente: la agenda de transformación sigue siendo el eje central del debate político en México.

Incluso sin aprobarse, la reforma electoral logró colocar en la conversación pública un tema incómodo para muchos actores políticos: los privilegios del sistema partidista.

Y eso, en términos políticos, ya es una victoria.

Porque cada vez que se plantea reducir gastos excesivos, limitar beneficios y hacer más austera la política, se obliga a los partidos a explicar por qué quieren mantener lo que existe.

La verdadera batalla apenas comienza

El rechazo legislativo no significa el final del debate.

De hecho, desde Morena ya se ha anunciado la posibilidad de impulsar reformas a leyes secundarias como “plan B”, que no requieren mayoría constitucional.

Es decir, el tema seguirá en la agenda.

Y con ello, también continuará el debate sobre qué tipo de democracia quiere México:

una democracia costosa, administrada por partidos que defienden sus prerrogativas…

o una democracia más austera, más cercana a la ciudadanía y menos dependiente del financiamiento político.

La política siempre revela a sus actores

En política, como en los antiguos rituales del poder, hay momentos que desenmascaran a todos.

Esta votación fue uno de ellos. La oposición cumplió su papel.

Pero los aliados que decidieron apartarse también dejaron claro que, cuando se trata de tocar privilegios, la unidad política puede volverse frágil.

Y ahí es donde el proyecto de transformación enfrenta su mayor desafío:
no sólo cambiar leyes, sino cambiar inercias que llevan décadas incrustadas en el sistema político mexicano.

Porque al final, como diría el viejo axioma del poder: la verdadera transformación no comienza cuando todos están de acuerdo… sino cuando alguien se atreve a tocar los privilegios del sistema.

En la política mexicana nada es definitivo… excepto los intereses“.

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