
Poema de El Druida | Opinión | Conocimiento Antiguo
He recorrido los siete peldaños, primero con tres pasos de silencio, después con cinco más, firmes y constantes, hasta que una rama se inclinó sobre mí y me mostró la senda del retorno.
Perdido estuve en duelo y sombra, errante entre el dolor y la confusión; mas hallé refugio en la Cámara del Medio, donde la voz de los hermanos es bálsamo y fortaleza.
Nací un mes de marzo, entre nueve estrellas meciéndose en lo alto; mi inocencia fue mi guardiana, y si me extraviara otra vez, la escuadra y el compás sabrían hallarme.
Soy hijo de Hiram, soy hijo de la viuda, y al alzar mis manos, sé que acudirán los míos,
pues el lazo eterno nos une.
Con apenas siete años y más, he aprendido a levantar templos con piedras arrancadas a la montaña. Allí, en su seno, encuentro morada, y en su nombre, levanto mi casa.
Que el G:.A:.D:.U:. ilumine nuestro paso.
Lo que esté destinado a ti, te alcanzará con certeza.

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