
Por Verónica Díaz Robles | ZHN Opinión
Como senadora de la República e integrante de la mayoría del pueblo, hablo desde la realidad que viven millones de familias trabajadoras. La reducción de la jornada laboral a 40 horas es un acto de justicia social que refleja el espíritu humanista que, desde el inicio de la Cuarta Transformación, hemos impulsado y que hoy, con la visión y el liderazgo de nuestra querida Presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, será una realidad.
Durante más de 50 años, México mantuvo una jornada laboral de 48 horas semanales. Medio siglo en el que la vida cotidiana cambió, pero la ley no. Hoy sabemos que trabajar más no significa vivir mejor. Significa menos tiempo para la familia, para el descanso, para la salud y para la comunidad. El cansancio, los accidentes laborales y las enfermedades no son fallas personales; son consecuencias de un modelo que ya no responde a la realidad social del país.
La jornada de 40 horas devuelve algo que nunca debió perderse: tiempo. Tiempo para estar con hijas e hijos, para cuidar a las personas adultas mayores, para convivir, para estudiar y para vivir. Como decía el presidente Andrés Manuel López Obrador, “no puede haber bienestar si no hay justicia”, y no hay justicia cuando el trabajo consume la vida entera.
México es uno de los países donde más se trabaja y donde menos se produce por hora. Eso no es culpa de las y los trabajadores, sino de un sistema que normalizó el agotamiento. La experiencia internacional demuestra que trabajar mejor vale más que trabajar más: jornadas más cortas mejoran el ánimo, la productividad y la estabilidad laboral. Un trabajador descansado rinde más y vive mejor, y eso beneficia a toda la sociedad.
Nuestra Presidenta ha sido clara: es tiempo de mujeres. Y eso significa que las políticas públicas deben reconocer la realidad que vivimos millones de mexicanas. Muchas mujeres, además de su empleo, sostienen el trabajo del hogar y las labores de cuidado que por años han sido invisibles. Reducir la jornada laboral es reconocer esa doble y, muchas veces, triple carga, y avanzar hacia una vida más equilibrada y más justa. No puede hablarse de bienestar si el tiempo de las mujeres no cuenta y si su esfuerzo no se reconoce.
Menos horas de trabajo significan más tiempo para la salud, el descanso, la formación y la participación; también mejores condiciones para conciliar la vida laboral y familiar sin renunciar a derechos ni oportunidades. Esta medida no solo cierra brechas, transforma realidades y nos acerca a un país donde el trabajo y la vida no estén en conflicto. Porque cuando las mujeres viven mejor, México avanza.
Además, se trata de una decisión responsable. La implementación será gradual, entre 2026 y 2030, dando certeza a las empresas y permitiendo una transición ordenada. El bienestar no está peleado con el desarrollo económico; al contrario, lo fortalece. Menos horas de trabajo significan menos enfermedades, menos ausentismo y menos rotación de personal. El bienestar no es un gasto: es una inversión social.
En las próximas fechas, esta reforma será aprobada en el Poder Legislativo, particularmente en el Senado de la República, donde las y los integrantes de la mayoría del pueblo respaldaremos la propuesta de nuestra Presidenta, convencidas y convencidos de que gobernar es poner a las personas en el centro de las decisiones.
ZHN | Zacatecas Hoy Noticias Noticias de Zacatecas, México