Las redes, territorio para el cochinero 2018

Por Mario Campos

La elección del 2018 ya está en marcha y las redes sociales jugarán un papel clave en la batalla por el poder. Solo que esa disputa no será necesariamente en términos positivos como algunos hubiéramos pensado hace algunos años.

La utopía digital que prometía una sociedad mejor informada, un diálogo más intenso y constructivo entre políticos y ciudadanos, y un campo fértil para el flujo de las ideas, está lejos de ser realidad. No porque esos fenómenos ya no puedan ocurrir sino porque el asalto de la política sucia al mundo digital ha sido total.

Desde hace años conversar en un espacio como Twitter se ha vuelto casi una misión imposible si uno no sabe en realidad con quién está hablando. La presencia de cuentas pagadas para exaltar o denigrar a figuras públicas es una plaga que enrarece cualquier conversación.

La distribución de contenido negativo – muchas veces bajo la falsa bandera de Anonymous – es una práctica común en cada campaña y la ahora popular distribución de mentiras – o fake news – como una táctica política es pan de todos los días.

Por eso la idea de las redes como el espacio de diálogo es tan complejo, porque a la resistencia natural a dialogar con quienes piensan distinto ahora se suman estos esfuerzos por evitar conversaciones serias y en su lugar generar movimientos digitales, muchas veces artificiales para impulsar uno u otro tema en la agenda mediática y en las redes.

¿Qué se puede hacer ante esto? Del lado de la oferta, muy poco. La regulación es escasa – que no es tan malo para no abrir la puerta a la censura – y la presencia de estas tropas digitales es casi inevitable. En internet, lo sabemos y es parte de su gracia, no hay una mente maestra que dice qué puede y qué no puede circular y por eso es un terreno natural para la circulación de información a medias, falsa y malintencionada.

Ante esto – y ante las propias restricciones legales y tecnológicas de las autoridades – lo que queda, hoy como siempre, es apostar por la alfabetización mediática también en el campo digital. ¿Para qué? Para que los ciudadanos de a de veras no demos RT a lo que es falso; para que no dejemos que sean las estrategas de desinformación las que decidan por quién debemos votar; para que lo que gane sea la información real y no las mentiras pautadas para mover las emociones de los electores.

Hay que reconocerlo, llegamos al 2018 también con una debilidad en ese campo – debilidad frente a los estrategas, nacionales y extranjeros que quieran tratar de meter mano en la contienda – pero aún estamos a tiempo. Reconozcamos la amenaza, preocupémonos por la calidad de lo que entra por nuestros ojos y oídos como cuidamos también lo que entra por nuestra boca. Cuidamos a quién seguimos, qué creemos y qué compartimos. Y enfrentemos así, juntos, el cochinero que viene y que ya se deja ver desde ahora.

@MarioCampos

Politico.mx

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