
LOS HIJOS DE LA VIUDA | Por Manuel Chacón | ZHN – Opinión
Hay reformas que cambian leyes.
Y hay reformas que cambian el equilibrio del poder.
La iniciativa de reforma electoral enviada por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo al Congreso pertenece claramente al segundo tipo.
En la superficie, el documento habla de democracia participativa, austeridad republicana, modernización tecnológica y combate al financiamiento ilegal en campañas. INICIATIVA REFORMA ELECTORAL_26…
Pero en política, lo que importa no es sólo lo que se dice.
Lo que importa es lo que se mueve detrás de la reforma.
Y detrás de este proyecto hay una apuesta estratégica:
rediseñar el sistema político mexicano para la etapa posterior a la transición democrática de los años noventa.
Durante décadas, el sistema electoral se construyó bajo una lógica simple: limitar el poder del gobierno.
Instituciones autónomas, reglas complejas, fiscalización exhaustiva y un sistema de representación que buscaba evitar mayorías dominantes.
Ese modelo funcionó para desmontar el régimen hegemónico del siglo XX.
Pero el nuevo poder político del país —la Cuarta Transformación— considera que ese modelo se volvió excesivamente burocrático, costoso y distante de la ciudadanía.
Por eso la reforma empuja en otra dirección.
Más consultas populares.
Más democracia directa.
Menos poder de las cúpulas partidistas.
Más peso del voto territorial.
En otras palabras: menos intermediarios políticos entre el ciudadano y el poder.
Pero también hay una lectura estratégica más profunda.
El rediseño de la representación proporcional podría favorecer a los partidos con mayor votación nacional.
La regulación digital redefine el terreno de las campañas del futuro.
Y los mecanismos de participación directa pueden convertirse en herramientas políticas de legitimación.
No es casualidad que esta reforma llegue en un momento donde Morena mantiene la mayor fuerza electoral del país.
La política mexicana está entrando a una nueva etapa.
La transición democrática de los noventa creó las reglas del sistema político moderno.
La reforma de Sheinbaum busca definir las reglas del sistema político del siglo XXI.
Y como siempre ocurre en México cuando se discuten reformas electorales,
el debate no será técnico.
Será una batalla por el poder.
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