
Por El Druida | ZHN | Opinión
“Quien subestime a un millón y medio de jóvenes organizados, no entiende el México que viene.”
Hay cifras que no sólo informan: delatan el rumbo del poder. Y hay momentos políticos que, aunque parezcan de trámite interno, en realidad anticipan batallas electorales de gran calado. Uno de esos momentos ocurrió recientemente en la IV Reunión Plenaria de las y los Diputados Federales de Morena, donde se puso sobre la mesa un dato que debería encender todas las alertas —y también las esperanzas—: el Movimiento de Regeneración Nacional ya rebasó los 11 millones de afiliados, y más de 1 millón 600 mil son jóvenes de entre 18 y 29 años.
No fue un anuncio menor ni casual. Esta información fue expuesta frente a la totalidad del grupo parlamentario, en un encuentro donde participaron Luisa María Alcalde, líder nacional de Movimiento de Regeneración Nacional, y el legislador zacatecano Ricardo Monreal Ávila, coordinador de la bancada en la Cámara de Diputados. El mensaje fue claro: la afiliación no es un trámite administrativo, es una estrategia política de largo aliento.

Porque cuando un partido logra que más de un millón y medio de jóvenes decidan organizarse, registrarse y participar, no estamos ante una moda electoral. Estamos frente a un relevo generacional en construcción, algo que la política mexicana llevaba décadas prometiendo y pocas veces concretando. La juventud, tantas veces reducida a consigna de campaña, hoy aparece como estructura real, cuantificable y territorialmente distribuida.
Afiliarse no es sólo levantar la mano. Es asumir identidad política, es comprometerse con una visión de país y es aceptar que la transformación no se decreta desde un templete, sino que se construye desde la base social. Por eso, que esta información haya sido presentada en la Plenaria de Diputados Federales no es anecdótico: significa que Morena está alineando su músculo legislativo con su estrategia electoral y generacional.
“Once millones de afiliados no son una cifra; son una señal de poder.”
Y aquí aparece el verdadero telón de fondo: la elección de 2027, donde estarán en juego 17 estados de la República, congresos locales, la Cámara de Diputados, alcaldias y el equilibrio político del país. Quien subestime el peso de un padrón joven, movilizado y con identidad partidista, simplemente no entiende el momento histórico. En política, la organización precede al triunfo, y Morena parece haber aprendido esa lección mejor que nadie.
La participación juvenil no sólo oxigena el discurso; redefine las prioridades. Empleo, educación, seguridad, vivienda, medio ambiente y acceso a derechos ya no son temas decorativos, sino ejes que pueden decidir elecciones. Y cuando esos temas se discuten dentro del partido —y no sólo en redes sociales— el impacto se multiplica.

Desde la bruma del poder se observa con nitidez: el futuro no está esperando turno, ya está afiliado. Si Morena logra traducir esta fuerza joven en liderazgo, capacitación política y presencia territorial efectiva, el 2027 no será una sorpresa electoral, sino la consecuencia lógica de haber entendido que sin juventud organizada no hay transformación duradera.
Porque al final, los procesos históricos no los define la nostalgia del pasado, sino la claridad con la que se construye el porvenir. Y hoy, millones de jóvenes ya eligieron de qué lado quieren escribir esa historia.
“Desde la bruma del poder se ve claro: el relevo generacional ya tomó partido.”
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