David Monreal Ávila apostó por una lógica elemental: Sin paz no hay bienestar y sin bienestar no hay progreso

Los Hijos de la Viuda por Manuel Chacón | ZHN | Opinión

Hay quienes siguen empeñados en narrar a Zacatecas desde el miedo, aun cuando la realidad ya tomó otro rumbo. A esos opositores —profesionales de la negación— les incomoda que los datos contradigan el discurso del desastre. Y es que, cuando la estadística se vuelve incómoda, la consigna es gritar más fuerte.

Hoy, los hechos pesan. La reducción sostenida de los delitos de alto impacto y la caída histórica de los homicidios dolosos no son una percepción: son un resultado. Un proceso largo, costoso y coordinado que inició con la contención de la violencia, avanzó hacia la pacificación y derivó en condiciones reales de bienestar. Ese tránsito no se improvisa ni se maquilla; se construye con decisiones, coordinación y constancia.

A contracorriente de la grilla, el gobierno de David Monreal Ávila apostó por una lógica elemental: sin paz no hay bienestar y sin bienestar no hay progreso. Primero blindar la seguridad; luego atender las causas; finalmente, activar el desarrollo. Así se explica que Zacatecas haya recuperado niveles de paz que no veía desde finales de los noventa, y que lo haya hecho en apenas cuatro años. El dato no es menor: la reducción de homicidios supera el 70% en su punto clave y alcanza descensos cercanos al 90% respecto de 2021.

Frente a esto, los opositores prefieren el ruido. No proponen, no contrastan, no reconocen. Se aferran a una narrativa congelada en el pasado porque admitir el avance les desmonta el negocio del miedo. Pero la historia no se escribe con tuits ni con consignas: se escribe con resultados.

La Agenda del Progreso 2026 es, en ese sentido, la consecuencia lógica de una etapa cumplida. Consolidada la paz y apuntalado el bienestar, el siguiente paso es el desarrollo con rostro humano. La hoja de ruta es clara: cuatro pilares —seguridad y legalidad; progreso humano y social; progreso económico con oportunidades; e infraestructura para el progreso— y más de 400 acciones que abarcan desde dignificación policial hasta inversión productiva, desde educación y salud hasta rescate carretero y vivienda. No es retórica: es planeación.

Los números acompañan. Ingresos propios casi duplicados; capacidad de gasto ampliada; crecimiento económico por encima del promedio nacional; miles de millones en inversión privada proyectada; y una política social que saca a la gente de la pobreza. Todo ello con un eje transversal: mantener la paz. Por eso la agenda no se limita a obras; incluye prevención, proximidad social, deporte, cultura y cohesión comunitaria. La paz no se decreta: se cuida.

El reconocimiento nacional tampoco es casual. La disminución de la violencia en Zacatecas ha sido destacada por la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, lo que confirma que el camino elegido no fue un capricho local, sino una estrategia alineada con la política nacional de seguridad y bienestar.

Por eso, pese al escozor de la oposición, hay una verdad que se abre paso: David Monreal pasará a la historia como el gobernador que pacificó Zacatecas. No porque lo diga él, sino porque los datos lo sostienen y la gente lo vive. La historia, al final, no absolverá a quienes apostaron al caos discursivo; reconocerá a quienes, con método y perseverancia, cambiaron la realidad.

Zacatecas está de pie. Con paz, con bienestar y con una agenda clara de progreso. Lo demás es ruido.

¡A mí los Hijos de la Viuda!

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