
Los Hijos de la Viuda | Por Manuel Chacón | Opinión
En un país donde solemos reaccionar cuando el fuego ya está encima, la prevención suele ser la gran ausente del discurso público. Por eso vale la pena detenerse —con lupa y sin estridencias— en lo que ocurrió en el marco de la Reunión Nacional de Protección Civil – Incendios Forestales 2026, un encuentro que, lejos de la parafernalia política, se instala en el terreno donde se define si un desastre se controla… o se desborda.
Ahí estuvo Zacatecas. Y no de manera testimonial.
El Coordinador Estatal de Protección Civil Zacatecas, Jorge Gallardo Álvarez, junto con personal operativo de la Coordinación Estatal de Protección Civil, participó en este que es, sin exagerar, el esfuerzo de coordinación más importante del año en materia de incendios forestales. No es una reunión más. Es la mesa donde se alinean criterios, se comparten errores, se afinan protocolos y, sobre todo, se tejen redes de apoyo entre estados.

La anfitriona y voz principal fue la Laura Velázquez Alzúa, titular de la Coordinación Nacional de Protección Civil, quien no solo reconoció la asistencia de las 32 entidades federativas, sino que puso el acento donde duele: el fuego ya no es un fenómeno aislado, es un desafío estructural. Clima, actividad humana, abandono del campo y omisiones históricas confluyen en cada incendio.
Y los datos no mienten. El 95 por ciento de los incendios forestales en México entre 2021 y 2025 fueron provocados por acciones humanas. No por rayos. No por azar. Por nosotros.

En ese contexto, la participación de Zacatecas cobra un valor particular. Gallardo Álvarez lo dijo sin rodeos: la asistencia a estas reuniones es posible gracias a la confianza del gobernador David Monreal Ávila y del secretario general de Gobierno, Rodrigo Reyes Mugüerza. Pero más allá del agradecimiento institucional, el fondo es otro: Zacatecas entiende que solo no puede.
La reunión permitió robustecer la coordinación con estados vecinos, esos a los que se recurre —y a los que se apoya— cuando el incendio rebasa capacidades locales. En protección civil, la soberbia cuesta hectáreas, vidas y futuro. Aquí, en cambio, se habló de corresponsabilidad, de calendarios obligatorios de quemas agrícolas, de permisos gratuitos pero forzosos, de identificación de responsables y de presencia preventiva de brigadas.

También se habló de técnica, que es donde se separa la improvisación del profesionalismo: capacitación de más de mil 500 elementos del SINAPROC, manejo preventivo de combustibles, quemas prescritas, brechas cortafuego, tecnología satelital, alertas tempranas y una meta clara: primer ataque al fuego en menos de dos horas.
Nada de eso luce en una foto. Pero todo eso salva bosques.
La gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila Olmeda, lo sintetizó bien al reconocer el liderazgo de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo en la consolidación de una política nacional de protección civil basada en la anticipación del riesgo. Cuando se trata de proteger vidas y recursos naturales, dijo, México actúa como un solo frente. O debería.
Y ahí entra Zacatecas. Un estado con vocación forestal, con zonas serranas vulnerables, con antecedentes recientes que enseñaron —a golpe de humo— que la reacción tardía siempre sale más cara. La presencia activa de la CEPC en este encuentro no es un gesto político: es una inversión en tiempo, coordinación y conocimiento.

En tiempos donde muchos funcionarios solo aparecen cuando la tragedia ya es titular, hay que decirlo claro: prevenir también es gobernar. Y hacerlo en silencio, sin reflectores, es todavía más raro.
Desde esta trinchera viuda —escéptica por naturaleza— queda una certeza:
cuando la protección civil se toma en serio, el fuego encuentra resistencia antes de volverse desastre. Y eso, aunque no dé likes, sí construye futuro.








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