Cuando la ley deja de ser letra muerta: el feminicidio entra al terreno de la justicia real

Los Hijos de la Viuda por Manuel Chacón | ZHN Opinión

En México, durante años, hablar de feminicidio fue como gritar en el vacío. Las cifras crecían, el dolor se acumulaba y la justicia… simplemente no llegaba o llegaba tarde, mal o nunca. Cada estado interpretaba la tragedia a su manera, como si la vida de una mujer valiera distinto dependiendo del código penal local.

Hoy, algo empieza a moverse. Y no es menor.


La decisión de la senadora Verónica Díaz Robles de respaldar la reforma constitucional en materia de feminicidio no es un acto aislado ni una postura política más. Es parte de un momento histórico en el que el Estado mexicano comienza —por fin— a asumir con seriedad una deuda que durante décadas fue ignorada.


Porque hay que decirlo sin rodeos: el feminicidio no es un delito más. Es la expresión más brutal de una cadena de violencias que se normalizaron en silencio. Violencias que empiezan en casa, en la escuela, en el trabajo, en la calle… y que muchas veces terminan en tragedia.


Siete de cada diez mujeres han vivido algún tipo de violencia. Ese dato no es una estadística fría: es un retrato doloroso del país que somos.


Y frente a eso, la indiferencia ya no es opción.


La propuesta que impulsa esta reforma tiene un fondo claro: terminar con la fragmentación de la justicia. Hoy, el feminicidio se investiga distinto en cada estado. Hay criterios dispares, sanciones desiguales y, peor aún, vacíos que abren la puerta a la impunidad. Es decir, hay casos donde la justicia depende más del código que del crimen.


Eso es inaceptable.


Por eso, facultar al Congreso para emitir una Ley General en materia de feminicidio no es un tecnicismo legislativo: es un paso firme hacia la igualdad real ante la ley. Significa que el dolor de una familia en Zacatecas tendrá el mismo peso jurídico que el de cualquier otra en el país. Significa que la justicia deja de tener fronteras.


Y en ese contexto, el posicionamiento de Díaz Robles conecta con una narrativa mayor: la construcción de una República donde las mujeres no sólo sean reconocidas en el discurso, sino protegidas en los hechos, como lo ha planteado la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.


Pero hay algo más profundo.


Esta reforma no sólo ordena leyes; también ordena prioridades. Coloca la vida, la dignidad y la seguridad de las mujeres en el centro del Estado mexicano. Y eso, en un país donde históricamente se les ha relegado, es un cambio de fondo.


Zacatecas no es ajeno a esta realidad. También aquí hay historias que duelen, familias que exigen justicia y mujeres que todos los días enfrentan riesgos. Por eso, que una legisladora zacatecana impulse y respalde este tipo de reformas tiene un valor político y social que no debe minimizarse.


Porque gobernar —y legislar— también es decidir de qué lado estás.


Y hoy, el mensaje es claro: del lado de las mujeres.


Queda mucho por hacer, sin duda. Las leyes no transforman por sí solas la realidad. Se necesita voluntad institucional, coordinación efectiva y, sobre todo, que cada carpeta de investigación se traduzca en justicia verdadera.


Pero también es cierto que sin leyes claras, no hay camino posible.


Hoy, México da un paso en la dirección correcta. Uno que no borra el pasado, pero que puede empezar a cambiar el futuro.


Porque cuando la ley se toma en serio, la vida también.

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