Morena sacó las encuestas, los audios y la metodología; pero algunos todavía esperan que la realidad les dé la razón (Video)

Los Hijos de la Viuda | Por Manuel Chacón / ZHN – Opinión

«En Morena ya entregaron las encuestas, los audios y la metodología. Lo único que no pueden entregar es una victoria a quien no ganó».

Hay derrotas que se aceptan con dignidad, otras que se procesan con paciencia y unas más que se convierten en una cruzada estadística donde el perdedor termina convertido en auditor, perito, fiscal y, si hace falta, hasta en investigador de sus propias desgracias.

En Morena, la sucesión política de Zacatecas ha entrado en esa peculiar etapa donde las encuestas ya no solamente sirven para medir preferencias: también sirven para medir la capacidad de algunos personajes para aceptar que el resultado no siempre coincide con sus expectativas.

La dirigente nacional de Morena, Ariadna Montiel Reyes, ha puesto sobre la mesa un argumento que merece atención: a los inconformes con la designación de Verónica Díaz Robles como Coordinadora Estatal para la Defensa de la Cuarta Transformación y la Soberanía Nacional se les entregaron metodologías, audios, encuestas e información técnica para explicarles cómo se desarrolló el proceso.

Traducido al lenguaje de la política aldeana: no bastaba con decirles quién ganó; hubo que abrir el expediente para explicarles por qué perdieron.

Y aquí comienza lo verdaderamente interesante.

Porque una cosa es cuestionar un procedimiento, solicitar una revisión técnica y exigir transparencia, derechos perfectamente legítimos en cualquier organización política que aspire a tomar decisiones de cara a la ciudadanía. Otra muy distinta es construir una narrativa paralela cada vez que los resultados no favorecen al grupo propio.

La diferencia entre ambas conductas es sencilla: la primera busca esclarecer los hechos; la segunda corre el riesgo de convertir la inconformidad en una estrategia de desgaste.

El problema no es preguntar, sino pretender que la respuesta nunca sea suficiente

Ulises Mejía Haro tiene derecho a plantear sus dudas. Nadie puede exigirle que celebre una derrota política, mucho menos cuando, según sus propias declaraciones, durante meses conoció mediciones públicas que lo colocaban en una posición favorable.

El diputado federal con licencia ha sostenido que necesita conocer, con rigor estadístico, cómo se modificaron las tendencias que observaba. También ha solicitado revisar elementos como las fichas técnicas, el diseño muestral y los audios de las entrevistas.

Hasta ahí, el debate es legítimo.

Pero si la dirigencia nacional afirma que hubo una revisión y que se entregaron los elementos técnicos correspondientes, entonces la discusión debe trasladarse al terreno de las pruebas.

¿Qué dato está equivocado? ¿Qué procedimiento presenta inconsistencias? ¿Qué elemento concreto contradice los resultados?

Porque, de lo contrario, la política termina convertida en una especie de tribunal donde la sentencia solamente es válida cuando favorece al acusado, y donde cualquier resolución adversa se considera sospechosa por definición.

En ese modelo, ni cien encuestas alcanzarían. Siempre habría una más que revisar, un audio que escuchar, una metodología que cuestionar o un fantasma estadístico dispuesto a declarar en favor del inconforme.

Cinco ejercicios, una misma respuesta

La dirigencia nacional de Morena ha sostenido que cinco ejercicios demoscópicos realizados en Zacatecas coincidieron en colocar a Verónica Díaz Robles en el primer lugar. La revisión de los resultados fue solicitada por dos participantes y, de acuerdo con la versión de la dirigencia, se revisaron los elementos técnicos del proceso.

El 29 de septiembre, Morena presentó públicamente información adicional sobre las mediciones realizadas para definir sus coordinaciones estatales. En el caso zacatecano, los resultados difundidos por el partido colocaron a Díaz Robles por delante de Mejía Haro en los indicadores evaluados.

Eso no significa que una encuesta sea infalible ni que la dirigencia esté exenta de explicar sus decisiones. Significa, simplemente, que el debate debe partir de la información disponible y no de la cómoda sospecha de que todo resultado desfavorable es producto de una conspiración.

Hay una diferencia sustancial entre demostrar que una encuesta tiene fallas y afirmar que tuvo fallas porque el resultado no gustó.

La primera requiere evidencia. La segunda solamente necesita un micrófono, una conferencia de prensa y suficiente indignación para alimentar la sobremesa política.

La narrativa también hace campaña

En política, perder una contienda interna no significa necesariamente perder toda posibilidad de futuro. Sin embargo, convertir una derrota en una batalla interminable contra la dirigencia puede terminar desplazando el debate sobre los proyectos, las propuestas y la organización territorial.

Y eso es precisamente lo que debería preocupar a Morena en Zacatecas.

Mientras unos buscan explicar por qué no obtuvieron la coordinación, otros intentan consolidar una estructura política rumbo a 2027. Mientras se discute quién tenía razón en las encuestas, la ciudadanía continúa esperando respuestas sobre seguridad, empleo, infraestructura, servicios públicos y oportunidades de desarrollo.

La política tiene esa desagradable costumbre de continuar mientras los políticos siguen discutiendo el resultado de la reunión anterior.

Y el electorado, aunque algunos lo olviden, no está obligado a convertirse en público cautivo de las disputas internas de ningún partido.

Por eso, la explicación de Ariadna Montiel tiene relevancia: coloca la controversia en el terreno de los procedimientos y de la información técnica. Pero también deja una tarea pendiente para todos los involucrados: que los documentos, las metodologías y los resultados puedan sostenerse ante el escrutinio público.

La transparencia no consiste únicamente en afirmar que existen pruebas. Consiste en que esas pruebas puedan ser examinadas y comprendidas.

«Verónica Díaz ganó la coordinación; la verdadera prueba será demostrar que puede construir unidad sin convertir la victoria en una factura para sus adversarios».

La designación de Verónica Díaz Robles no clausura las diferencias internas de Morena. Por el contrario, abre una etapa en la que deberá demostrar capacidad para construir acuerdos, sumar voluntades y evitar que la coordinación estatal se convierta en patrimonio exclusivo de una corriente política.

Ganar un procedimiento interno otorga una responsabilidad, no un cheque en blanco.

Y si los adversarios internos tienen la obligación de procesar el resultado, quien obtuvo la designación tiene la obligación política de construir unidad sin confundirla con obediencia.

La diferencia es importante: la unidad se construye incorporando, escuchando y convenciendo; la obediencia solamente exige silencio.

Ariadna Montiel, por su parte, enfrenta el desafío de mantener la credibilidad del método que la dirigencia nacional decidió utilizar. Si la información técnica respalda la decisión, debe poder explicarse con claridad. Si existen cuestionamientos concretos, deben responderse con datos y no con descalificaciones.

En una organización que se presenta como instrumento de transformación, la transparencia no debería ser una concesión a los inconformes, sino una obligación institucional.

El epitafio de una derrota anunciada

En Zacatecas, algunos parecen empeñados en prolongar el funeral político de una aspiración que no llegó a buen puerto. Y como sucede en los velorios demasiado concurridos, cada asistente tiene una versión distinta de lo ocurrido, aunque todos aseguran conocer perfectamente al difunto.

La diferencia es que aquí el muerto no es la democracia interna, ni mucho menos la posibilidad de competir en el futuro. Lo que está en juego es la credibilidad de un proceso y la capacidad de sus protagonistas para distinguir entre una discrepancia legítima y una narrativa diseñada para mantener viva la inconformidad.

Si Ariadna Montiel asegura que se entregaron metodologías, audios, encuestas e información técnica, corresponde examinar esos elementos y contrastarlos con los cuestionamientos formulados.

Lo demás es ruido.

Y en política, el ruido puede llenar auditorios, incendiar redes sociales y alimentar columnas durante semanas. Pero no modifica por sí mismo una cifra, no demuestra una irregularidad ni convierte una derrota en victoria.

Porque hay algo que algunos políticos descubren demasiado tarde: las encuestas pueden revisarse, las metodologías pueden discutirse y las decisiones pueden cuestionarse.

Lo que no puede exigirse es que la realidad cambie de resultado por cortesía con el perdedor.

En Morena, al parecer, ya entregaron los papeles, los audios y las explicaciones. Ahora falta saber si algunos están buscando la verdad estadística o solamente una versión de los hechos en la que puedan seguir apareciendo como ganadores.

Porque cuando la política se convierte en una lucha para demostrar que uno nunca pierde, el problema deja de ser la encuesta.

Y comienza a ser el encuestado.

«Las encuestas se revisan, los resultados se discuten y las derrotas se procesan. Pero ni cien audios pueden convertir una aspiración frustrada en una victoria imaginaria».

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