Cuando la soberbia política se disfraza de liderazgo: tres diputados frente a la palabra presidencial

Por Manuel Chacón | Los Hijos de la Viuda | Opinión

Hay momentos en la vida pública que exhiben con claridad quién entiende el poder… y quién apenas juega a tenerlo. Lo ocurrido tras la reciente visita de la Presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, a Sombrerete no solo revela una disputa política por el control del discurso en el campo zacatecano; deja al descubierto una actitud profundamente preocupante: la subestimación abierta —y con tintes misóginos— hacia la investidura presidencial.

La Presidenta fue clara, firme y, sobre todo, prudente. En un tema históricamente contaminado por intereses, como lo es el acopio de frijol, delineó una ruta sin ambigüedades: la compra será directa al productor, sin intermediarios, sin simulaciones, sin liderazgos que lucren con la necesidad del campo. No fue una ocurrencia, fue una definición de Estado.

Sin embargo, la reacción del Senador de la República, José Narro Céspedes, y los Diputados Federales, Alfonso Ramírez Cuéllar y Ulises Mejía Haro no estuvo a la altura del momento. Lejos de asumir con responsabilidad el mensaje presidencial, optaron por distorsionar, politizar y trasladar el costo político hacia el gobernador David Monreal Ávila.

No es un desliz menor. Es una señal de cálculo político, pero también de una práctica que se niega a morir: cuando la voz que ordena y define es la de una mujer en el poder, algunos prefieren cuestionarla antes que asumirla.

Porque aquí no hay confusión posible. La Presidenta no improvisa. Gobierna con información, inteligencia política y un sistema de análisis permanente que le permite tomar decisiones con base en datos reales y prospectiva. Pensar lo contrario es irresponsable.

Lo que se vio en redes sociales por parte de estos legisladores no fue defensa del productor; fue oportunismo político. No fue posicionamiento serio; fue una reacción ante la pérdida de control de esquemas de intermediación que por años beneficiaron a unos cuantos.

Y mientras tanto, allá afuera, en carreteras y municipios, los bloqueos continúan, afectando a terceros. Esa es la consecuencia de una política mal entendida: se dice defender al pueblo, pero se termina perjudicándolo.

La Presidenta ya marcó la línea. Sin estridencias, sin confrontación innecesaria, pero con firmeza: no habrá intermediarios. Punto.

Lo demás es ruido.

Y en ese ruido, tres diputados han decidido colocarse del lado equivocado de la historia: el de la desinformación, el oportunismo y una actitud que subestima el liderazgo de una mujer en el poder.

Porque al final, la política no se mide por el volumen de las declaraciones, sino por la responsabilidad frente a la palabra empeñada.

Y hoy, la palabra que vale… no es la de ellos.

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