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Demasiados Desiertos para tan Pocos Profetas

Los Hijos de la Viuda por Manuel Chacón | Opinión 

“A Isaías no le creyeron, a Juan El Bautista tampoco y a Cristo… muy pocos, al menos en su tiempo” (Solo para Iniciados) 

“Quien predica en el desierto, pierde el sermón”, decían los antiguos religiosos y los viejos hombres de mundo quienes le daban a esta locución de origen bíblico, (Isaías 40, 3) y los cuatro evangelistas (San Mateo 3, 3; San Marcos 1, 3; San Lucas 3, 4; San Juan 1, 23) el desafortunado hecho de proclamar un mensaje nada simpático a la nada y que además pudiera cautivar a sus paisanos. 

¡Vaya manera de ganar adeptos!, la del Gobernador Alejandro Tello, parece bastante claro que cualquiera que tenga algo que ofrecer a los hombres de hoy y se decida a anunciarlo, no tomaría el ejemplo de Juan. 

Cuesta imaginar que haya un círculo de asesores o consejeros que tome una estrategia en la que el líder moral de un pueblo aparezca solo y siempre solo, y vamos, solo flanqueado por dos banderas y una pintura de Miguel Hidalgo.  La pregunta es, ¿donde están sus ministros, sus colaboradores, donde está su fuerza?  

No hará falta detenerse en explicar que Juan el Bautista no buscaba hacer clientela, supongo que Alejandro Tello tampoco, en la Ley Natural y en la conciencia recta de todo hombre de buena voluntad, el culpar a otros de sus responsabilidades y transferirlas con el poder de la palabra y las letras, supone buenas intenciones y sobre la rectitud de la intención entre hombres no deben caber dudas.

Así es que pedir ayuda a otro hombre de fe (AMLO) no es malo, ya que pedir siempre deja la firme idea de que, él que pide, es porque puede dar. 

Mucho me temo que eso de predicar en el desierto más que atraer produce desazón. No me parece que sea tarea fácil la de encontrar convencidos en medio de esta grave crisis de violencia en los 58 municipios de la entidad. 

Allí donde haya hombres y mujeres de bien, se necesitan lideres morales de la verdad, cuya eficacia vendrá de la fuerza de las palabras y del refrendo de las obras.

A la primera característica del desierto que es el silencio se une una segunda, que es la soledad. El desierto es el lugar de la soledad. Donde haya un hombre condenado a la soledad, allá está el desierto, y el gobernante (Tello) se ve solo y se percibe que lo han dejado solo, en un momento en el que él ha dejado solos a muchos de los suyos.

Demasiados desiertos para tan pocos profetas diría el iniciado. 

Aún en el final de sus días, Jesus aquel que se dijo hijo de Dios, necesito de sus discípulos para terminar la obra.

¡A mi los Hijos de la Viuda!

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