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Discurso del presidente Andrés Manuel López Obrador. Informe segundo año de gobierno

Amigas, amigos, todos:

Hoy, cuando cumplimos dos años de gobierno, puedo sostener con hechos y en honor a la verdad que hemos avanzado en nuestro objetivo de transformar a México.

Desde antes de asumir el mandato popular de presidente de la República fuimos elaborando un plan de desarrollo que surgió de muchos años de brega, recorriendo a ras de tierra el territorio nacional, valorando las potencialidades y los vastos recursos naturales, reflexionando sobre los obstáculos para el desarrollo y el bienestar de la población, aquilatando la grandeza cultural de México y recogiendo los sentimientos de la gente en todos los pueblos y regiones del país.

Así fue como llegamos a la conclusión de que eran mayores las posibilidades de cambio que las de estancamiento o decadencia y que hacer realidad la transformación dependía, en primer lugar, de enfrentar el grave problema de la corrupción y de contraponerle la virtud de la honestidad que es la mayor riqueza de nuestro pueblo.

https://lopezobrador.org.mx/wp-content/uploads/2020/12/100_compromisos_1_de_diciembre_2020-1.pdf

Con esta convicción, desde que tomé posesión del cargo, empezó a llevarse a cabo una política diferente: el primer día mi esposa y yo nos trasladamos en un automóvil normal a la sede del Poder Legislativo para rendir protesta, sin el aparato del Estado Mayor Presidencial ni la acostumbrada parafernalia de poder; posteriormente,  aquí en Palacio Nacional, atendí a los jefes de Estado e invitados especiales y en el Zócalo capitalino me dirigí al pueblo para prometerle no mentir, no robar, no traicionar y dar cumplimiento a 100 compromisos básicos.

Sabíamos qué cambios debían hacerse y comenzamos la obra de transformación. Se ajustó el marco legal con reformas constitucionales de gran importancia: la corrupción, el robo de hidrocarburos y el fraude electoral se convirtieron en delitos graves;  se creó la Guardia Nacional; se canceló la condonación de impuestos; se garantizó la posibilidad de realizar consultas populares; se aprobó el procedimiento de la revocación del mandato; se eliminó el fuero al presidente para que pueda ser juzgado por cualquier delito como cualquier otro mexicano, entre otras modificaciones al marco legal.

De inmediato comenzamos a combatir la corrupción y a poner en práctica una política de austeridad republicana. Hemos ahorrado, en dos años, un billón 300 mil millones de pesos en compras y contratos, reduciendo al mínimo el robo de combustible; el llamado huachicol, disminuyendo drásticamente la defraudación fiscal y otras malas prácticas dañinas que proliferaban en la hacienda pública en el antiguo régimen.

La austeridad y la cancelación de fideicomisos y fondos que se manejaban de manera discrecional, deshonesta y en beneficio de minorías, también nos ha permitido liberar más presupuesto en beneficio del pueblo.

Con esta fórmula de combatir la corrupción y gobernar sin lujo ni frivolidad, hemos podido cumplir los compromisos de no endeudar al país, no aumentar impuestos, no subir los precios de los combustibles y, lo más importante, esta nueva política económica, fincada en la moralidad, nos ha permitido financiar programas sociales para el bienestar de nuestro pueblo, en especial, para los más pobres y marginados.

Ya es realidad la pensión universal para los adultos mayores, el apoyo a niñas y niños con discapacidad, la entrega de becas a estudiantes de familias pobres y la atención médica y los medicamentos gratuitos; programas que, por cierto, ya se elevaron a rango constitucional y están establecidos como derechos de observación obligatoria para quien esté en el gobierno.

Además de estas acciones, desde el principio, emprendimos el apoyo al campo; se ayuda de manera directa con recursos económicos a productores y pescadores, se restablecieron los precios de garantía, se están sembrando árboles frutales y maderables en un millón de hectáreas, se entregan fertilizantes a todos los productores de Guerrero; más de un millón 500 mil jóvenes han trabajado como aprendices con  una percepción de un salario mínimo; no hemos dejado de pagar a médicos; enfermeras, soldados, marinos y otros servidores públicos. En dos años ha aumentado el salario mínimo en 30 por ciento, en términos reales, como no sucedió en los últimos 36 años del periodo neoliberal ni en épocas anteriores; se canceló la mal llamada reforma educativa, 51 mil comités escolares formados por maestros, alumnos y madres y padres de familia ya reciben de manera directa el presupuesto para el mantenimiento de las escuelas.

No han faltado  los  libros de texto para el nivel básico y educación media superior y se trabaja en mejorar sus contenidos; están terminadas o en proceso 140 universidades públicas; hemos aumentado en 7 mil 200 las becas de posgrado e investigadores para llegar a un total de 123 mil y recientemente se amplió al doble el número de médicos que recibirán una beca para cursar una especialidad en el país o en el extranjero; 46 mil 783 comunidades ya cuentan con conexión a Internet, el año próximo serán 122 mil, y en 2022, la red cubrirá todo el territorio nacional; sigue en expansión el Banco del Bienestar, para el cual se han construido, hasta ahora, 362 sucursales, hay 400 más en proceso y en los próximos dos años tendrá cobertura hasta en las regiones más apartadas del país, con 2 mil 700 nuevas sucursales; en materia de promoción cultural,  hemos publicado 46 títulos de grandes autores, con 1 millón 840 mil ejemplares gratuitos o a precios módicos; están en construcción los parques culturales y ecológicos del Bosque de Chapultepec y del Lago de Texcoco.

En estos dos años tomamos decisiones trascendentes. Por mandato popular cancelamos el proyecto del aeropuerto de Texcoco y estamos construyendo el aeropuerto civil y militar General Felipe Ángeles, que nos permitirá ahorrar 220 mil millones de pesos y que será inaugurado el 21 de marzo de 2022. Se inició la obra del Tren Maya, así como el corredor industrial y portuario del Istmo de Tehuantepec; se estableció la política de apoyo a la frontera norte con disminución de impuestos, reducción al precio de los combustibles y aumento al doble del salario mínimo; lo mismo se aplicará desde enero próximo en la frontera sur en cuanto a estímulos fiscales; por ejemplo, Chetumal volverá a ser zona franca; avanzamos en el rescate de Pemex y de la Comisión Federal de Electricidad, empresas públicas a las que la corrupción y la embestida privatizadora pusieron al borde de la desaparición; en 2023, dejaremos de importar gasolinas porque lograremos la autosuficiencia con la entrada en operación de la nueva refinería de Dos Bocas y la modernización de las seis refinerías existentes. Reitero que hemos cumplido el compromiso de no aumentar el precio de los combustibles y la energía eléctrica y agrego un dato: la gasolina ahora es más barata que cuando empezamos a gobernar.

Mucho habíamos avanzado en las decisiones y las acciones para transformar a México cuando, en marzo de este año, llegó al país la pandemia del nuevo coronavirus que, además de sufrimiento por la pérdida de miles de vidas, nos obligó, como a casi todos los otros países, a tomar medidas de mitigación que paralizaron la economía, afectaron las actividades productivas e incidieron en un incremento del desempleo, tanto en el sector formal como en el informal en todo el territorio nacional.

Pero en vez de quedarnos con los brazos cruzados, decidimos enfrentar, tanto la crisis sanitaria como la económica con entrega, eficacia y con estrategias no convencionales que nos han permitido ir saliendo poco a poco de la adversidad por el bien del pueblo y de nuestra nación.

En cuanto a las acciones para combatir la pandemia, informo que, a pesar de heredar un sistema de salud en ruinas minado por la corrupción, logramos terminar de construir 130 hospitales y reconvertimos 971 para atender pacientes con COVID-19; se han instalado 32 mil 203 camas generales y 10 mil 735 con ventiladores;  se capacitó a 193 mil 645 médicos generales; se compraron equipos, se contrató a 71 mil trabajadores de la salud y, gracias al apoyo del pueblo, de las enfermeras y los médicos que han puesto en riesgo hasta sus vidas, y a los directivos encargados de conducir toda esta estrategia, no nos hemos visto rebasados: hemos procurado que a ningún enfermo le falte atención médica y hospitalaria y hemos salvado miles de vidas. No podría dejar de mencionar la solidaridad, el humanismo demostrado por fundaciones de empresas y hospitales privados que, desde los primeros días de la pandemia, nos están apoyando para atender enfermos de COVID y otros padecimientos. Asimismo, hemos establecido relaciones con farmacéuticas y gobiernos internacionales para obtener y aplicar, lo más pronto posible, la vacuna contra el COVID. No obstante, por desgracia, esta terrible enfermedad ha causado la muerte de más de cien mil personas, a quienes recordaremos siempre con afecto y cariño; nunca dejaremos de expresar nuestras condolencias y solidaridad para con sus familiares y amigos.

Enfrentar la crisis económica ha sido menos doloroso y complejo que luchar contra los contagios. Nos ha resultado muy útil desechar las recetas económicas aplicadas durante el periodo neoliberal, empezando por la estrategia de endeudar al pueblo para rescatar a los de arriba, como se hizo cuando el Fobaproa. Ahora es diferente:  gracias a las medidas de austeridad y al combate a la corrupción, no tuvimos que recurrir a nuevos préstamos y todos los recursos liberados se destinan de manera directa, sin intermediarios, a la base de la pirámide social para que de allí suban a los estratos superiores; es decir, se le da preferencia a los pobres y a los integrantes de las clases medias; por eso se adelantaron los pagos en pensiones a adultos mayores y a personas con discapacidad, se mantuvo la entrega de becas educativas y el apoyo a agricultores y pescadores; se amplió el programa de créditos a pequeñas empresas del sector formal e informal de la economía; en ocho meses se otorgaron 2 millones 750 mil créditos para actividades productivas y vivienda; en fin, se fortaleció el ingreso de las mayorías y, con ello, no solo se facilitó la subsistencia de los más afectados sino que se evitó una caída del consumo de alimentos y de otros bienes de primera necesidad, lo que habría tenido efectos desastrosos adicionales para el resto de la economía.

Esta estrategia coincidió con el aumento del 10 por ciento de las remesas enviadas de Estados Unidos por nuestros paisanos migrantes a sus familiares; este año, a pesar de la pandemia, esos envíos de dinero llegarán a la suma récord de 40 mil millones de dólares, lo cual beneficiará a 10 millones de familias que están recibiendo, en promedio, 350 dólares mensuales. Esta muestra de fraternidad, de heroísmo por parte de nuestros connacionales en el extranjero puede calificarse como una especie de milagro social que fortalece nuestra creencia en la extraordinaria fraternidad del pueblo de México. Allá o acá, siempre nuestro pueblo solidario. Prueba de que no ha disminuido el consumo es que, de enero a noviembre, las tiendas de autoservicio vendieron 8 por ciento más que el año pasado.

Expongo también que se está cumpliendo el pronóstico que hicimos en el sentido de que la crisis tendría un comportamiento en forma de “V”:  caeríamos hasta el fondo, como ocurrió en abril, pero saldríamos del hoyo, como, de hecho, ha venido sucediendo. La economía empieza a crecer y del millón 117 mil 584 empleos formales perdidos ya se han recuperado 555 mil 600. Pienso que en marzo lograremos alcanzar de nuevo los 20 millones 613 mil 536 puestos de trabajo que tenía registrados el Instituto Mexicano del Seguro Social antes de la pandemia.

Otros datos favorables: a pesar de la crisis sanitaria, en los dos años que llevamos en el gobierno, nuestra moneda no se ha depreciado y los ingresos de la Hacienda pública han disminuido muy poco, tres por ciento, con relación al año pasado.

También hemos avanzado en la solución al grave problema de inseguridad y violencia que nos dejaron los gobiernos anteriores. En esta materia la prioridad ha sido atender las causas que llevaron a la descomposición social, con la premisa de que la paz es fruto de la justicia. En mi gobierno, la autoridad no se asocia con la delincuencia. No hay impunidad para nadie y, aunque todavía falta mucho para pacificar al país, sostenemos con hechos, que se revirtió la tendencia al alza en la mayoría de los índices delictivos;  según datos del INEGI, el año pasado hubo menos homicidios que en 2018 e informo que en los 11 meses de este año, en comparación con el mismo periodo del 2018, los delitos del fuero federal se han reducido en 30 por ciento y en general, de 11 delitos de alto impacto del fuero común, ocho han presentado una disminución considerable. 

Por ejemplo, el robo a casa habitación se ha reducido en 23 por ciento; el robo a transeúnte en 30 por ciento, el robo en el transporte público colectivo en 42 por ciento, el robo en transporte público individual 8 por ciento, el robo de vehículo 35 por ciento menos, robo a transportistas 26 por ciento, robo a negocio 15 por ciento y el secuestro ha bajado 29 por ciento. Las únicas excepciones han sido el homicidio doloso, el feminicidio y la extorsión que han aumentado en 3.8 por ciento, 8.9 por ciento y 21 por ciento, respectivamente.

En el combate a las organizaciones delictivas se respetan los derechos humanos; las fuerzas federales no cometen masacres ni se remata a heridos; por ejemplo, en 2011 y 2012, en plena guerra contra el narcotráfico, en enfrentamientos con militares y marinos, hubo mil 750 civiles heridos y detenidos, y 2 mil 459 fallecidos en estos enfrentamientos; es decir, un índice de letalidad de 709 personas más que perdieron la vida. En cambio, en los dos años que llevamos en el gobierno, 631 personas han sido heridas y detenidas, pero solo han muerto en esos enfrentamientos 507, o sea, el índice de letalidad es de 124 fallecidos menos; en otras palabras, a diferencia de antes, la proporción de muertos es inferior a la de heridos y detenidos.

Se demuestra así que nos mueve una convicción de justicia, no de exterminio y que, en el restablecimiento de la seguridad, priorizamos el respeto a la vida. En fin, a pesar de los vicios, el caos y la gravedad del problema que heredamos, con la nueva política de seguridad pública hemos ido avanzando para conseguir la paz. En la última encuesta del INEGI sobre percepción de inseguridad de los ciudadanos se reportó la cifra más baja en cinco años.

Aclaro que todo lo realizado en esta materia es fruto del trabajo perseverante y coordinado de las secretarías y organismos que integran el gabinete de seguridad y protección ciudadana. La Guardia Nacional ha resultado de gran apoyo; a pesar de su reciente fundación, ya es una corporación profesional, disciplinada, con 98 mil elementos que permanecen desplegados en 176 coordinaciones regionales del país, en los 32 estados de la República. El próximo año tendremos presencia en 266 coordinaciones territoriales con 150 mil policías, oficiales y mandos. Además, ya se han terminado 87 cuarteles, están en proceso de construcción 85 más y en 2021, habremos terminado de construir todas las instalaciones de la Guardia Nacional en el país.

Reconozco y agradezco el respaldo incondicional de los soldados y marinos de México que nos han apoyado en labores de seguridad pública, porque ahora lo permite la Constitución,  nos han ayudado en la protección de instituciones estratégicas, en la noble aplicación de los planes Marina y DN-III en auxilio a la población afectada por sismos, inundaciones, ahora con la pandemia y otras calamidades; en nuestro gobierno los institutos armados están entregados, además, a la ejecución de obras en beneficio de nuestro pueblo: dragan ríos, limpian playas, construyen canales, aeropuertos y sucursales del Banco de Bienestar; administran puertos, vigilan aduanas y  cultivan en viveros millones de árboles para sembrar parcelas comunales, ejidales y pequeñas propiedades; en fin, las Fuerzas Armadas están inaugurando una etapa nueva en su función de servicio a México. 

Mi reconocimiento, en particular, al secretario de Marina, almirante José Rafael Ojeda Durán y al secretario de la Defensa Nacional, general Luis Cresencio Sandoval González.

Amigas y amigos:

De 100 compromisos presentados hace dos años, hemos cumplido 97; solo están pendientes o en proceso tres: descentralizar el gobierno federal, impulsar el desarrollo de fuentes de energía renovables, mediante la rehabilitación de las hidroeléctricas y conocer la verdad acerca de la desaparición de los jóvenes de Ayotzinapa, en eso estamos. Pero también hemos hecho muchas otras cosas que no estaban incluidas en ese listado de compromisos.

Por ejemplo, terminamos el Tren Suburbano de Guadalajara y continuamos con el Toluca a la Ciudad de México; rehabilitamos los aeropuertos de Tuxtla Gutiérrez, Chetumal y el aeropuerto capitalino; hemos invertido 28 mil millones de pesos en el mantenimiento de 40 mil kilómetros de carreteras del país, logrando que, del 35 por ciento que estaba en mal estado, solo nos falte reparar el 15 por ciento; se está limpiando de corrupción Conagua, Capufe, el Instituto Nacional de Migración, las aduanas, las administraciones portuarias integrales (API) y el Servicio de Administración Tributaria (SAT).

Las Islas Marías dejaron de ser penal y se convirtieron en el Centro de Educación Ambiental y Cultural “Muros de Agua-José Revueltas”; no hemos otorgado ninguna concesión minera; se implementó el Programa Nacional de Búsqueda y Localización de Personas Desaparecidas por la violencia; se reinstaló a todos los maestros despedidos por la imposición de la llamada reforma educativa y se están reparando daños cometidos a personas o familiares afectados por la corrupción neoliberal o por la violencia de Estado, como los casos de la Guardería ABC en  Hermosillo, Sonora o Pasta de Cochos en Coahuila; se mantiene el programa de protección a periodistas; se creó el Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado; se rifó el avión presidencial y se entregaron 100 premios de 20 millones a particulares, escuelas y hospitales; se ayuda a los damnificados por inundaciones; el gabinete está integrado, en un 50 por ciento, por mujeres y por primera vez en la historia, una mujer, la licenciada Olga Sánchez Cordero se desempeña como secretaria de Gobernación y Rosa Icela Rodríguez Velázquez, a cargo de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana; hemos realizado 504 conferencias de prensa de 7 a 9  de la mañana de lunes a viernes; he visitado como presidente todos los estados del país; unos, cuatro veces y otros, hasta en 26 ocasiones.

Entró en vigor el nuevo tratado comercial con Estados Unidos y Canadá; se aprobó la nueva ley laboral para garantizar el voto directo y la democratización de los sindicatos; no hemos tenido ningún conflicto con el magisterio nacional; se ha basificado a 300 mil trabajadores de la educación; se han entregado puntualmente las participaciones federales y los recursos del presupuesto que por ley corresponden a estados y municipios; la independencia del Poder Legislativo, Judicial y de la Fiscalía General de la República es una realidad; no se fabrican delitos ni se espía a opositores; la inflación está controlada; no existe escasez de alimentos, materias primas o combustibles; funciona normalmente el sistema financiero; solo han habido 18 huelgas de trabajadores; las manifestaciones de protesta se han reducido al mínimo; los créditos del Infonavit y del Fovissste se entregan de manera directa a los trabajadores y no hay desalojos por causas o deudas contraídas con estos organismos; ofrecimos asilo al expresidente Evo Morales y a sus colaboradores; no tenemos conflicto con ningún gobierno en el mundo; no se han violado los derechos humanos de migrantes; se permitió la entrada a organismos internacionales para vigilar nuestro país sobre el cumplimiento de los derechos humanos.

No ha habido apagones ni ha faltado el agua; se resolvió el problema del desabasto de gasolina que se originó por el combate al robo de combustible y se adquirieron 612 pipas o carros-tanque que opera la Secretaría de la Defensa Nacional; hay información permanentemente sobre quién es quién en los precios; se inauguró el túnel Emisor Oriente para evitar inundaciones en el Valle de México; nuestro país fue electo, casi por unanimidad, para integrar el Consejo de Seguridad de la ONU; de igual manera, se aprobó la resolución que presentamos en esa organización para garantizar la equidad en el comercio de medicinas y vacunas; se estableció el sistema de educación por Internet, radio y televisión; se montaron mil 530 exposiciones artísticas y arqueológicas en México y el extranjero; se celebraron los actos cívicos del Grito y el desfile de Independencia, así como la conmemoración del inicio de la Revolución Mexicana; 925 deportistas y entrenadores de alto rendimiento han recibido de manera directa apoyos para su preparación por un monto global de 500 millones de pesos. También, se está preparando la conmemoración para el año próximo, 2021, de los 700 años de la fundación de Tenochtitlán, los 500 de la invasión extranjera y la toma militar de la actual Ciudad de México, y los 200 años de la Independencia nacional.

Como alternativa al Producto Interno Bruto, se está elaborando el Índice de Bienestar; se lleva a cabo el proyecto Agua Saludable para La Laguna de Coahuila y Durango; se ha consolidado el Servicio de Protección Federal para prestar seguridad a las secretarías y organismos de la administración pública federal; ha iniciado el proyecto de construcción del nuevo Aeropuerto de Tulum, Quintana Roo; se están creando escuelas para la formación de deportistas y maestros de educación física; se aplica un nuevo etiquetado en alimentos para evitar el consumo de productos chatarra; se incorporó a la enseñanza pública la nueva materia “Vida Saludable”; y se instaló una comisión para impulsar el Plan de Justicia para el pueblo Yaqui del estado de Sonora, entre otras acciones.

Pero lo más importante es que ya están sentadas las bases de la transformación, a dos años de ocupar la Presidencia, puedo afirmar que ya logramos ese objetivo, repito, sentar las bases para la transformación de México. En qué consiste el sentar las bases para transformar a México, consiste en que ahora se respeta la Constitución, hay legalidad y democracia; se garantizan las libertades y el derecho a disentir. Hay transparencia plena y derecho a la información, no se censura a nadie; no se violan los derechos humanos; no se reprime al pueblo; no se organizan fraudes electorales desde el poder federal; el gobierno ya no representa a una minoría sino a todos los mexicanos de todas las clases, culturas y creencias; se gobierna con austeridad, se gobierna también con autoridad moral, no se tolera la corrupción ni se permite la impunidad; en la práctica, no hay fueros ni privilegios; se atiende a todos, se respeta a todos, pero se le da preferencia a los pobres. Se protege la naturaleza; se auspicia la igualdad de género; se repudia la discriminación, el racismo y el clasismo; se fortalecen valores morales, culturales y espirituales; se cuida y se promueve el patrimonio cultural e histórico de México.

México, nuestro gran país, es una nación libre y soberana, respetada y respetable para el resto del mundo; se lucha por la paz y nos encaminamos a vivir en una República justa, igualitaria, libre, democrática, soberana y fraterna.

Es un timbre de orgullo el que, a pesar de las crisis sanitaria y económica que provocó la pandemia, y con todo y el sufrimiento causado, no dejamos de trabajar para consumar la Cuarta Transformación de la vida pública de México; y es evidente que si avanzamos y resistimos es porque nos decidimos a enfrentar, en primer término, la peste de la corrupción que tanto daño ha causado a México y a su pueblo.

Esto siempre lo ha sabido el pueblo, lo ha sabido la gente, desde hace mucho tiempo, pero es ahora que se comprende mejor y se siente como una realidad, porque el dinero que antes se robaban ahora llega a los de abajo, a los olvidados, a los vecinos, a los marginados de nuestro país.

Puedo afirmar, a este respecto, que el 70 por ciento de los hogares de México recibe, cuando menos, un programa de bienestar o se beneficia de alguna manera del presupuesto nacional y que el resto, al 30 por ciento de los mexicanos con mejores condiciones económicas y de trabajo, tampoco los hemos dejado en el desamparo; ellos obtienen la satisfacción de tener condiciones para seguir progresando y vivir en paz, sin miedos ni temores, con la dicha enorme que produce a cualquier ser humano de buenos sentimientos el llevar a la práctica el principio fundamental del amor al prójimo y el servicio a los semejantes.

Amigas y amigos: 

No todo es perfecto ni aspiramos al pensamiento único ni al consenso; estamos conscientes de que existe oposición a nuestro gobierno y eso es legítimo y normal en una auténtica democracia, máxime cuando se está llevando a cabo una transformación impulsada por nuevas ideas liberales que buscan acabar con privilegios de minorías conservadoras, acostumbradas a medrar al amparo del poder económico o del poder político. Sin embargo, la mayoría de los mexicanos está respaldando a nuestro gobierno; en la última encuesta, porque yo tengo otro dato, el 71 por ciento de los mexicanos, desean que sigamos gobernando y con eso tenemos. Eso es lo fundamental: el apoyo de la mayoría del pueblo. Como decía el presidente Juárez: con el pueblo todo, sin el pueblo nada. 

Amigas y amigos:

Gracias por su confianza. A los que están aquí presentes, muchas gracias de todo corazón, a los que nos están viendo y escuchando por radio, por televisión, por las redes, muchas gracias. Amor con amor se paga. No les he fallado y no les fallaré. Sigamos todos promoviendo el bien, enalteciendo a nuestra patria y haciendo historia.

¡Viva México!

¡Viva México!

¡Viva México!

Palacio Nacional, 1º. de diciembre 2020

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