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Maestros, factor de liderazgo y compromiso social con Zacatecas

-La esencia de la formación escolar se fundamenta en el compromiso con una educación de calidad, que dé herramientas formativas para la vida
Una maestra y un maestro que trabajan en comunidades de alta marginación consideran que no hay separación de la vida personal y laboral, porque son maestros las 24 horas

Vetagrande, Zac.- Aunque para la administración pública la dispersión poblacional representa un reto mayúsculo en su obligación de llevar servicios y apoyos, nadie puede negar que la disímil geografía de las comunidades zacatecanas esconde un lado místico que generalmente pasa desapercibido.

Esos caminos accidentados y de terracería así como la lejanía y el tiempo que se invierte en llegar a cada una de estas zonas, conducen no solo a poblaciones cálidas y hospitalarias con peculiares usos y costumbres, sino también a escuelas y salones de clase en donde diariamente profesores y maestras vierten su conocimiento, esfuerzo y compromiso para la formación educativa de miles de niños y niñas.

Las comunidades Llano de las Vírgenes, ubicada en Vetagrande, y Guanajuatillo, en Gral. Pánfilo Natera, albergan en sus centros escolares a profesores que hacen honor a su profesión, quienes, además de ofrecer una educación formativa para la vida, han asumido un papel de liderazgo dentro del núcleo social en donde se desenvuelven.

De forma desapercibida para las áreas administrativas que toman y ejecutan las políticas educativas, la maestra Tomy y el profesor Joel pugnan no solo por elevar el sentido de aprendizaje de niñas, niños y adolescentes que viven en zonas rurales de alta marginación, sino también por el mejoramiento de su espacio educativo y el reposicionamiento de la escuela como factor de desarrollo dentro de la sociedad.

Todo comenzó jugando a la escuelita

A sus 28 años de edad, la maestra Tomasa Miranda Robles, mejor conocida como ‘Tomy’ ha recorrido un sinuoso camino que le ha catapulta como un aliciente escolar en la comunidad Llano de las vírgenes, en Vetagrande.

Su labor incide en la formación, desarrollo y crecimiento del sector infantil de una población que vive en condiciones de alta marginación, misma que subsiste gracias al empleo que ofrece la minera Santa Cruz, a los servicios de albañilería que realizan en Guadalupe y Zacatecas, y a las remesas.

El gusto que tiene por la enseñanza se remonta a sus años de infancia, cuando, según su relato, jugaba con sus amigos a ser la maestra de una escuelita imaginaria… A los 23 años es anhelo se vio cristalizado cuando se tituló de la Licenciatura en Educación primaria de la Universidad Pedagógica Nacional (UPN)

Desde entonces ha impartido clases escuelas ubicadas de Laguna grande, Monte Escobedo; El nuevo Rucio y Chupaderos, Villa de Cos; Pozo de Gamboa, Morelos; Guadalupe y la comunidad donde actualmente trabaja.

En su andamiaje ha vivido experiencias que le han servido para revalorar, replantear y amar su trabajo. “Recuerdo el caso de una comunidad de 80 habitantes, donde un señor cometió una violación sexual a uno de mis estudiantes…

Me enfrenté al reto de ayudar escolarmente al estudiante y a resguardar mi propia integridad física”, expone mientras su voz se va apagando para dar paso a la mirada perdida.

A cada pregunta, la maestra Tomy ofrece respuestas amplias y desarrolladas. “Hay otro caso que recuerdo con mucho cariño. En Pozo de Gamboa tuve un niño autista, nunca en la vida había atendido educativamente a alguien así… al final del ciclo escolar, el niño ya sabía leer. Eso sin duda me da satisfacción y gusto al platicarlo”, refiere.

La maestra cree que la vida personal no se separa de la escuela y además lo demuestra en su actuar. Por ejemplo, a la hora de recreo en la primaria Benito Juárez, donde además es directora y cumple las funciones de administrativo por ser una escuela unitaria, aprovecha el tiempo para amamantar a su bebé, quien es cuidado por una señora de la comunidad mientras ella da clases.

Y además lo refuerza con el relato de una anécdota del día. “Mi esposo me invitó a que lo viera jugar esta tarde en su partido de fútbol, a mí me gusta acompañarle, pero hoy le dije que no porque tengo que quedarme en la escuela a preparar un festival”, refiere.

Entre las madres de familia la maestra Tomy se ha ganado el respeto y además el cariño, porque desde que arribó en agosto del 2017 a esta escuela, se ha dedicado a gestionar con las empresas de la región, con el Ayuntamiento y con la Secretaría de Educación, algunas acciones de mejoramiento para infraestructura, embellecimiento y funcionalidad escolar.

Y no solo por eso, sino por los logros escolares que paulatinamente adquieren sus hijos. “El método que utilizo para lograr el aprendizaje es la Teoría sistémica, misma que -explica- establece que los diferentes actores que intervienen en el proceso educativo deben cumplir su rol y no intervenir en el de los demás”, expone.

La entrevista concluye y la maestra regresa a su salón de clases, en donde atiende a 17 estudiantes que van desde primero a sexto grado de primaria. Con una sonrisa se para frente a la mesa de Diego para pedirle que lea una palabra e identifique el color de una figura, hasta ahí llega una niña de pelo corto con libreta abierta en mano, quien le pide orientación para resolver un algoritmo de la división…

Un profeta en su tierra

A sus 29 años de servicio, el profesor Joel Castañeda López ha sido capaz de romper el paradigma social que está fundamentado en el versículo bíblico 4:24 del Evangelio de Lucas, el cual refiere que “ningún profeta es aceptado en su propia tierra”.

Desde hace 27 años llegó a Guanajuatillo, en Gral. Pánfilo Natera , donde nació, para asumir las riendas de la institución educativa de más alto grado que hay en la localidad, la telesecundaria Emiliano Zapata; desde ahí ha pugnado por un desarrollo y mejoramiento de vida de la población.

El inicio como docente del profesor Joel fue por necesidad laboral, pues su formación profesional es Ingeniero Agrónomo. La falta de oportunidades en su campo de estudios le indujo a aceptar un trabajo como profesor en una escuela telesecundaria de Jalpa y de ahí dos años de peregrinaje.

Desde que arribó como profesor a esta comunidad inició gestiones para la ampliación y el mejoramiento lo que la gente llamaba escuela: tres salones deteriorados.

A través de picar piedra con administraciones municipales y autoridades educativas de orden estatal y federal: el plantel hoy en día tiene domo, aula de medios, biblioteca escolar, comedor, cisterna, bebederos, jardín botánico, cancha de tierra de fútbol soccer, cerco perimetral de malla, área de usos múltiples. Oficina de dirección, zona de estacionamiento y un pequeño kiosco a la entrada.

El amor por su terruño natal le fue inculcado por su padre, de quien desde pequeño escuchaba una frase que germinó en su ser: “hay que ser agradecidos y tratar de regresar lo que nos ha dado la tierra que nos vio nacer”.

Ese postulado filosófico ha impulsado al profesor Joel a involucrarse socialmente con el crecimiento positivo de la comunidad Guanajuatillo, de tal forma que ha influido en los adolescentes de la comunidad para que participen en torneos de básquetbol, fútbol soccer, formen parte de grupos corales religiosos y se desenvuelvan en ambientes de convivencia sanos.

En el ámbito académico, destaca no sólo por el coautor del libro La historia de Guanajuatillo sino también por motivar a las alumnas y alumnos para que se formen una mentalidad apegada a la conclusión de estudios a nivel profesional. Ello le permite relatar con agrado que sus ex alumnos hoy en día se desempeñan como médicos en hospitales de Zacatecas, un gerente en Oaxaca, cuatro jóvenes próximos a egresar de la Universidad Tecnológica del Estado de Zacatecas (UTZAC)…

A pesar de sus calles de terracería y algunas casas con techo de lámina, la comunidad Guanajuatillo puede presumir con orgullo que el 30 por ciento de sus habitantes concluyó su educación superior, monto que doblega al porcentaje del Estado de Zacatecas, que es del 15 por ciento.

Las maestras de la telesecundaria Emiliano Zapata, consideran que este alto porcentaje obedece en gran parte al trabajo comprometido y desinteresado que ha realizado desde hace casi tres décadas el profesor Joel con las generaciones de adolescentes de las comunidades.

Uno es maestro las 24 horas del día. Cuando sales de la escuela sigues educando, con el ejemplo, en la calle, en cualquier lugar. Con el tiempo yo he aprendido a ver que la escuela es mi segunda casa y trato de mejorarla, de cuidarla, de enseñar a valorarla y a quererla, refiere.

“No quiero jubilarme todavía mientras pueda quiero seguir aportando algo a Guanajuatillo. Hay dos proyectos que me gustaría concretar en la escuela: ponerle pasto sintético a la cancha de fútbol soccer y sustituir el enmallado por un muro de block o ladrillo”, concluye.

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