Escuela, humanismo y cultura

Por: José de Jesús Reveles Márquez

La escuela es de los pocos lugares donde hay contacto con diferentes generaciones, culturas y estatus y aunado a un proyecto educativo se busca delinear todas estas diferencias a un mismo conocimiento, valores civiles y aptitudes; que como todo acto educativo y cultural es un proceso de imposición y de control social involuntario pero como bien lo expresaba Erasmo de Rotterdam, es vital la disciplina y el amor para el cuerpo y el alma, pues la vida no es un simple desarrollo evolutivo, es un proceso de transformación y el docente debe ser capaz de generar un hecho histórico que trasciende aunque sea de manera aislada por la huella que deja en un solo ente.

Es por esto que frente a los cambios que la globalización trae con sigo, donde el mundo en el que se vive es más desigual a pesar de la conciencia social generada por las acciones comunicativas, jurídicas o democráticas, se ha generado esa cultura competitivamente deshumanizada que excluye y no reconoce lo diferente.

El papel del docente es crucial como agente de cambio, tiene el espacio para enseñar y hacer mecanismos para que las personas generen en su entorno un razonamiento del pasado, presente y generar un mejor futuro. Utilizar un humanismo educativo para crear un nuevo hombre, con nuevos hábitos y nuevos modales

Para lograrlo es necesario que el maestro asuma su responsabilidad de educar en empatía en igualdad de condiciones, respetando las diferencias y tener la sensibilidad frente a las emociones, necesidades y pensamientos del otro, con la facultad de ponerse en su lugar y percibir lo que siente, sin juicios ni prejuicios, donde quepa preguntar ¿y a ti qué te gusta?, dentro de ese simple gesto donde se tratar de entender antes de ser entendido, donde se deja de hablar y se empieza a escuchar, se encuentra la manera de guiar y proporcionar las herramientas al desarrollo armónico del alumno para saber buscar su propia felicidad y llegar a la realización individual

Cabe entonces resaltar que el buen desarrollo de una persona es el equivalente al desarrollo de una buena sociedad, y el maestro debe de encarnar la responsabilidad de marcar esa diferencia.

Es entonces necesario remontarse a las bases históricas de la educación como un proceso de conocimiento, donde el alumno deba saber qué es lo que quiere, y en todo momento, experimentar y fiarse de su instinto e imaginación para cuestionarse y darle sentido al mundo y su realidad por medio del diálogo.

Un dialogo que le permitirá analizar y reflexionar que los momentos y los trayectos de las dinámicas de la vida, son únicamente posibles cuando uno se reconoce y reconoce al otro para generar una identidad; y sin duda como lo establece Garza (2012) al mencionar que se debe obtener como resultado el verdadero principio del individuo social, la felicidad…

Estimado lector, agradezco de antemano la atención prestada al presente, pero sobre todo dejar claro que sentir, pensar y actuar comprenden la educación emocional, la educación intelectual y al mismo tiempo la educación de la voluntad. Por ello, como lo expreso Herbart, «el valor de un hombre no se mide por su saber, sino por su querer». Nos leemos la próxima y espero que haya sido de su agrado. ¡Viva la Vida!

Correo: remj71@hotmail.com
Twitter: @mtroreveles

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